domingo, 17 de noviembre de 2013

I will survive

    

     "Pobre sombra, tanto tiempo apegada a mí y al fin y al cabo resulta ser la que menos culpa ha tenido."

     Resulta que es cierto. Que a pesar de que me había empeñando en que no lo fuera, lo es. Y es que todo esto se debe a lo mismo de siempre. Soy ese pobre tonto que cree a quién sonríe, que se alía con el diablo si lo precisa con tal de devolver el gesto amable de sonreír.
     Esa frase que tantas veces hemos oído; "no te fíes ni de tu sombra". Espero que siga vigente durante mucho tiempo. Pero a veces hay que renovar la actitud, las circunstancias y las amistades, diría más, si me apuras, debería decir para terminar de quedar tranquilo que habría que renovar esa pequeña frase que antes citaba. Ahora debería ser más o menos así; "no te fíes de la sonrisa de nadie", o al menos, algo con ese enfoque.

     Porque es cierto, existe esa extraña tendencia a portarnos bien con aquellos que no lo merecen en este preciso momento de nuestras vidas, este mismo instante en que lees esto que hoy escribo, porque si no lo hago reviento.
     Somos como esos espantapájaros tan simples que salen en las películas, a los que se les ha puesto un pequeño ápice de corazón, el más puro de todos, para compartir con quién queramos, y nos hemos empeñado en la persona que menos lo merece. Por eso yo, harto de aguantar tanta estupidez, y pasar tantas veces por el aro, como si fuera uno de esos pobres animales del circo, he decidido decir ¡BASTA!
     Y que sea lo que al karma le parezca. De tanto andar detrás de alguien perdí mi propio camino. Y me he cansado de tanta imagen tonta en redes sociales con tres o cuatro palabras bonitas, una idea clara y un consejo. No gracias

     Qué sensación tan rara cuando al reencontrarme con un viejo amigo hace no mucho, me preguntó que a qué me dedicaba ahora. Y no supe muy bien qué responderle hasta que recordé esa chispa mía tan innata que siempre me ha acompañado, hasta ahora supongo. A no ser tan cariñoso con la gente, no se lo merecen. Debió de resultarle poco lógico lo que solté en aquel momento de enfado puro, por eso hizo como si le sonara el móvil y decidió despedirse de mí.

     Espero no tener que apuntarme en la mano, una y otra vez eso de que no debo estar para todos, a todas horas. Y que me gane a quién realmente le importa la presencia de este caos con patas. Y que existen otras tantas personas por delante de mí, en la vida de aquellos que una vez dijeron "no te vayas jamás", ¿y si me has echado tú?. E intentar restaurar las amistades que no quieren recomponerse, requiere tiempo, tiempo que tendré que quitarme del presente para buscar en el pasado. Y que a veces las cosas es mejor dejarlas fluir. Y que una persona tiene tiempo realmente si así lo desea, el resto son excusas, o preferencias camufladas de un, "no puedo". Y... mil cosas más. Pero como todo eso no me cabe en una mano, doy gracias a esa pequeña región de mi cerebro que ha decidido sentarse hoy a soltar todo esto que llevo repitiendo, arrastrando y escupiendo tanto tiempo, para intentar, esta vez más que nunca, desprenderme de todo eso.

    Esa estúpida tendencia de volver a quién no merece nuestro tiempo, por descontado. Cada vez me parece más ridícula. Aún así, no todo es tan triste como lo cuento. Hay algo bueno en todo esto, y es que creo, que ante todo este desorden, sobreviviré. ¡Ah! Y que callado, estoy mucho más guapo.