domingo, 2 de marzo de 2014

No debería, pero...


     A veces en la vida es necesario regar una vez más un pecho destrozado que guarda un corazón agrietado, con la saliva de unos labios rotos. Pero una vez húmedo no aconsejo acostumbrarse a ese abono, porque las malas hierbas arrasan con todo.


      No debería, pero... ¿qué coño? Tengo toda la vida por delante, para seguir equivocándome sobre qué hacer conmigo mismo y eso debe rentar algo, digo yo. No somos buena combinación, ni de cerca ni de lejos. Y mientras tanto el blanco y el negro solo son colores. Es el racismo lo que se trata de un ideal implantado, influyente y podrido. Los prejuicios no son lo que aparentan ser porque las apariencias engañan y miro el sofá del salón a la par que pienso que ahí se han sentado todas las personas por las que un día quise morir sí fuera necesario, y me doy cuenta de que mi vida vale mucho más. Triste, estoy realmente triste porque este estilo de vida no me va bien, y acabará conmigo. La cabeza me pregunta directamente cómo va todo, y no sé cuántas mentiras más contarle.
Y así otra y otra vez.

        Me hará algo mucho más fuerte. Una garantía contra todo aquello que intente atentar contra mí, es lo único que pido. Poesía que se vuelve negra y deja de agradar, para boicotear tu vida en un instante, así de rápido y feo es el; "Se acabó." Debe ser por eso por lo que se dice que del amor al odio hay un paso. Que no tiene sentido seguir pegándole patadas a una lata que no tiene la culpa de nada, pero en el fondo soy un loco de la natura, y por eso he decidido reciclarte. No esperes que nada de esto vaya por vos. No esperes que ninguna de las fuerzas que dominan el mundo vuelva a unirnos.
        He hablado con el karma, no tiene nada contra mí, y el yin y el yang no tienen nada que objetar. Me siento frustrado por no poder romper las barreras de una jaula de la que he salido hace tiempo. Y ahora estoy que muerdo. 

        No, significa no, y el corazón aprende a base de palos, que los caminos que trazan las lágrimas son tan sólo regueros de dolor por dónde circula el alma que no merece residir en el interior del hombre que crece demasiado deprisa aprendiendo que la vida no es un juego, sino una apuesta mal vendida en la que la limitación del yo se reduce a tan solo unos pocos segundos en comparación con lo que cosmos abarca. La dificultad de un beso, en tan sólo unos pocos segundos de acción. La comodidad de una bofetada ampliada a paso del minutero en una vida.

        Sí, tengo una espina clavada en este asunto, no sé qué hacer con la tentación y me he acostumbrado a la comodidad de la incertidumbre, en la que sólo el lamento tiene algo que decir de todo esto. He pensado en pedir un tiempo muerto, en retirarme del combate más de una vez, y tirar la toalla a la cara del adversario, en coger fuerzas. Luego pienso que yo también me merezco ese pedazo del pastel, y que no se me ha dado así que no hago nada que merezca la pena por el contrario, y sonrío, a lo mejor vivo en la inopia, confundido hasta más no poder... pero ¿qué coño? Tengo toda la vida por delante, para seguir equivocándome sobre qué hacer conmigo mismo y eso debe rentar algo, digo yo.