viernes, 20 de septiembre de 2013

Carta al cielo

 

     Hola buenas, vengo con la intención de no molestar, ni a ella ni a nadie. Espero que podamos mantener una "conversación discreta" no quisiera hacerla llorar. Vengo con la intención de decirle que no me he olvidado de lo que para ella significan los "veintiuno de septiembre". Vengo a hablarle con total lejanía. Porque usted no me conoce, y yo a usted tampoco. Sin embargo, es cierto que lo he visto en fotos, y siempre sonriendo, debió ser una persona muy alegre. Y aunque ahora no pueda abrazarla como me gustaría, he de darle las gracias.
     Gracias sobretodo por acercarme a la primera persona que me enseñó lo que es amar. Soy un estúpido, ¿sabe usted? Tuve lo que todo el mundo quería y no lo supe mantener. Sí en efecto hablo de su pequeña, una mujercita a la que todo el mundo adora, y he de decirle que es así porque ella se hace querer. Tan sencilla,   tan linda, tan cariñosa… así la conocí y así sigue. 
     Creo que debió ser eso lo que me llamó la atención de ella. Y más tarde me… fulminó, en el buen sentido de la palabra.

     Usted y yo" hablamos" el año pasado. Me habló de usted con lágrimas en los ojos y una sonrisa en la boca nada más conocernos. Y no creo que eso lo haya hecho con todos a los que en esta vida ha conocido. Por cosas como ésta me flagelo a mí mismo en mente, por tener algo tan puro y dejarlo ir de la manera más estúpida, ahora llamo a su puerta y no me abre, y la entiendo, no se fía y es normal. ¿Qué voy a quejarme? Solo puedo seguir intentando llamar su atención llamando a la puerta y que el karma o usted o cualquier fuerza divina que nos ampare la haga cambiar de opinión, y me deje una sola oportunidad más para dejarme ver con un nuevo rostro y una nueva forma de ser.

     En parte le escribo a usted porque estoy desesperado, en parte le escribo porque siempre me quedaron ganas de saber más de usted, y en parte porque aunque nunca lo llegué a conocer, ella me habló de usted de tal manera que en mi mente siempre me ha transmitido paz. Y ahora vuelvo a agradecérselo, una vez más, vuelvo a darle las gracias por traer al mundo algo tan puro y tan fino cómo su hija. 

     Permítame decirle, con toda la honradez del mundo que se me otorgue en estos casos tan delicados, que aún a día de hoy, lo echa en falta, se le nota en la mirada y en su sonrisa, no luce como siempre cuando se pasea de vez en cuando por su mente. Y como un vendaval, se lleva ese rostro tan bonito con el que me enamoró. 
     Aún recuerdo esa foto, todos de críos sentados en unos escalones grises y fríos, y a la derecha, en una esquina, usted, vigilándola desde allí, desde un escalón o dos más arriba, al igual que hará ahora, siempre desde arriba. 
     Mi más sincera disculpa, de verdad que no tengo otro sentimiento que el de culpabilidad y quisiera pedirle perdón cara a cara. Porque me prometí protegerla por usted, porque le prometí protegerla, y echo la vista atrás y… veo que lo he hecho tan mal, tantas veces la hice llorar, que tendré suerte si algún día usted y yo nos topamos y me dirige la mirada, y tan solo me dice HOLA. 
    Porque miro ahora, a mi lado, y no la tengo, soy IDIOTA

    Como dije al principio, mi intención no es molestar, ni a usted, ni a ella. Le escribo con la intención de sentirme mejor persona, de perdonarme a mí mismo, de transmitirle todo mi agradecimiento por dejarme como regalo el hecho de conocer a una persona tan especial, y que ella me diera momento tan entrañables y buenos, y por último de poder darle a entender que no sabe usted lo increíble que es.
     Podría pasar horas y horas describiendo lo que para mí, sin exagerar sería lo más cercano a la bella bondad, a la templanza y al genio, todo eso concentrado en una persona. Podría pasar horas describiendo lo que para todos es el encanto, el amor y el cariño que ella muestra por el débil, el incomprendido o el desdichado. Pero todo eso sería molestar, pues ¿quién mejor que el autor de una obra para conocerla? Aunque la dajase de conocer cuando estaba empezando a crearse como obra. ¿Quién mejor que el jardinero para saber cómo es su pequeño árbol? Que algún día dará sombra a tantas y tantas personas. Aunque el jardinero no llegara a verlo crecer...
¿Quién mejor que usted para saber cómo era y cómo es? Seguro que sonríe usted al leer esto porque sabe perfectamente de lo que hablo. De que si tuviéramos la oportunidad de charlar cara a cara, tomando tranquilamente un café, reiríamos sin parar, porque terminaríamos muchas frases que el otro empezó, al hablar sobre ella. Y tendría tanto que enseñarme sobre ella… tanto que yo aún no sé y me muero por saber…

     Precioso el detalle que le dejó en la cara, ese lunar, ¡ay Dios mío! De verdad que me trae de cabeza, me tiene loco. Ese detalle… siempre pensé, y ahora también lo pienso, que está ahí por algo, por alguien más bien. Por usted. Sí, es cierto. Desde que supe de su existencia, y me contó más acerca de usted, le atribuí esa pequeña parte de su cuerpo y lo relacioné estrechamente por usted. Mi lunar… perdone si lo ofendo pero, me encanta y se lo robo con su permiso. Espero que no le importe. Me encantaría hacerle una visita ahora mismo y poder abrazarla con fuerza. Me mata pensar que está en su cama echándole de menos con todas sus fuerzas, tumbada, como hace siempre que se siente vulnerable. En esos momentos siempre quiero abrazarla, y cuando tuve la oportunidad, no lo hice. Y ahora que quiero hacerlo, no tengo la oportunidad. Irónico, ¿eh? 

     Mi más sincera despedida. Espero tener suerte, que me deje pasar y poder sorprenderla, y así escribirle pronto para decirle que de nuevo tengo la oportunidad y ahora no la desaprovecharé. Que de los errores se aprende y yo, aprendí del mío a un alto precio. 
     Estamos en contacto, un abrazo, y sin falta nos vemos el año que viene. Veintiuno de septiembre.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Julia #1


       De vuelta


     La vidriera que daba al balcón, rozó con el soporte blanco del marco, y el roce hizo sonar un chirrido metálico y desagradable cuando la hice echarse a un lado, apartándola con la mano para poder salir yo.
La noche estaba tranquila bajo la mirada de sus ojos empañados en una tela transparente, una fina película que se replegaba por todos sus ojos, por haber llorado.
     En el cielo, un par de pequeñas nubes asomaban por encima de nuestras cabezas, avanzando sin detenerse hacia la Luna, que estaba partida a la mitad como si fuera una D mayúscula.
     No había nadie en la calle, en todo el barrio, excepto algún rezagado, alguna que otra pareja de enamorados, o de amigos que entraban en sus respectivas casas tras una noche de fiesta, con motivos de que pronto era Nochebuena, incluso se podía ver algún que otro gato husmeando entre las cajas de basura que se apilaban cerca de los contenedores, en busca de comida.

     Me junté, me aproximé a ella todo lo que pude, y aunque estábamos en el balcón, al aire libre, el humo de su cigarrillo se concentraba en esos metros en los que nosotros estábamos.
    -Toma. – Le dije, y la arropé con la manta.- Bonita noche, ¿verdad? -En ese momento dejó caer aquel pequeño tubo blanco, que estaba entre sus dedos, matándola a cada calada, la manta se le resbaló por el hombro, se dio la vuelta, dando la espalda a la barandilla del balcón en la que estaba apoyada y me abrazó. Al parecer no había sentido que yo la acompañaba desde hacía unos segundos, desde que había abierto aquel ventanal blanco. El shock y la repentina sensación de notar sus brazos en mi cansada espalda me llevó a abrazarla con la misma fuerza.  -Tranquila amor mío, ya estoy aquí. –Le dije.


     Tras unos segundos de pausa y de inmovilidad me soltó, pensando que me hacía daño, que se haría daño a sí misma si me abrazaba si se ilusionaba conmigo de nuevo, al menos su cara fue casi de arrepentimiento, recogió la manta del suelo y se la volvió a poner por encima. 

     Miré el termostato de la calle, y marcaba los tres grados que hacía a las dos de la madrugada de un sábado de diciembre. Los mismos tres grados que poco a poco apagaban aquel cigarro que había caído al suelo de la calle desde nuestro balcón.
     Sus mejillas estaban rojas, más la izquierda que la derecha, y en primera línea, en aquella parte de su cara, relucía y saltaba a la vista aquel precioso lunar, tan discreto y a la vez tan llamativo como siempre. Me fijé un poco más en sus carrillos, y en el color vino que se escondía tras la piel, la sangre que se acumulaba en ellos para intentar acalorarlos, pero las lágrimas que había derramado y el frío que hacía fuera no dejaban a ese líquido rojo pasión cumplir su tarea.

     Sus ojos, llorosos, brillaban de la misma manera que los estanques que le envié en una postal desde el hotel, en el que me encontraba, allí, en el extranjero, con el reflejo de las luces de la ciudad.
     La abracé de nuevo, solo que ahora lo hice con mucho más cariño, y en lugar de hacerlo cara a cara la abracé por detrás, arrimándola a mí por los hombros y aterrizando mis manos en su vientre y nos arrinconamos en una esquina del balcón, echamos a un lado el tendedero con sus sostenes y mi ropa interior, el chándal suyo marrón y el mío negro, mojados aún por la colada de esa tarde y le hice ver la avenida, paralizada y a la vez iluminada de mil farolas doradas que brillaban permanentemente al unísono, enfiladas en dos líneas rectas, paralelas una fila a la otra, a cada lado de la carretera, justo al pie del bordillo de la acera. Mil colores de los adornos navideños que unían una farola con su pareja de la acera de enfrente, coloreaban la avenida de una gama parecida a la del arcoíris, que además se reflejaba en el frío asfalto mojado por la llovizna de ese día, que junto con los tonos del oro de las lámparas de la calle, daban tonos alegres a los coches estáticos que aguantaban la helada nocturna.

-¿Manu, tú me quieres?
-Claro.
-¿Cuánto?
-¿Sabes que la Luna ofrece siempre la misma cara a la Tierra?
-No.
- Desde el primer día de su existencia, siempre, ha mostrado y muestra el mismo lado a la Tierra.
-Venga idiota, dime, ¿cuánto?
-Te quiero lo mismo que el primer día. Cómo la Luna.
-¿Y cuánto es eso? Para yo aclararme, más o menos.
-¿Sabes que las estrellas se alejan de la Tierra kilómetros, y kilómetros a lo largo de los meses? Millones de kilómetros, infinidad de ellos, no sabría decirte cuántos.
-No.
-Pues ya lo sabes.
-¿Y qué tiene que ver eso con lo que yo te he preguntado? Venga imbécil, dime... ¿y cuánto es eso? ¿Cuánto era el primer día? Es decir, ¿cuánto me quieres hoy, ahora mismo?
-No sabría decirte cuánto. Cómo las estrellas.


     Me encantó ese beso en la mejilla, que me dio tras esta última frase. Y sonreír, que bonita estaba al sonreír, pues su sonrisa, hizo contraste emocional, con aquellos ojos colorados, hinchados y llorosos, y aquellas marcas debajo de los párpados, que mostraban claramente que había llorado. Sonrió una vez más entre mis brazos y el muro del balcón que le llegaba por debajo del pecho. Le acaricié la nuca recogiéndola por el cuello, la besé fuertemente en la cabeza y le levanté la vista. Y lo único que se le ocurrió decir, fue:
-¡Qué manos tan calentitas!
-Mema.
-¿Encima?
-Sí encima, y debajo, donde la Luna, o donde las estrellas, en el balcón o ahí dentro en el brasero, viendo una película juntos comiendo palomitas con mantequilla. Te acaricio, ¿y lo único que sabes decir es, "¡Qué manos tan calentitas!"? -Dije, reproduciendo esto último con tono burlón.  -No sé cómo lo haces, pero no cambia esa facilidad tuya para romper los momentos bonitos, ni aunque haya estado fuera. -Una nueva lágrima cayó de sus ojos. Aquella lágrima representaba físicamente todo el dolor que llevaba dentro, todo el dolor que le había producido yo al decirle aquello. Al haberme comportado así con ella, y lo entendí, fue entonces cuando lo entendí.

      Fue aquella lágrima, que saltó desde la pestaña hasta la mejilla, parándose en el espacio mientras caía, ralentizando la caída, la que la mató un poco más por dentro, y nada más rozar su cara la limpié. Pues no quería que aquella gotita, que no era tan insignificante, e indefensa como las demás, estuviera más tiempo junto a ella. -¿No sabes ya que es de broma? – Le dije al oído. Intentando perdonarme a mí mismo por verme ahora desde fuera, mirando atrás y viendo lo que había conseguido con mis decisiones y actos.
-Sí. -Mentira, nunca había sabido mentir, y ese no guardaba ni un ápice de sinceridad, estaba dolida y yo lo sabía. -Pero hoy estoy muy sensible.
-¿Qué te ocurre? Nada saldrá mal, ya estoy aquí y no volveré a irme.
-Eso es lo que me da miedo, y lo que me hace estar sensible hoy.
-He vuelto hoy, esta mañana, ¿y así te lo tomas? ¿Llorando y despertándote a las dos menos diez de la mañana para fumar un cigarrillo en vez de coger fuerzas para el día que nos espera mañana junto a Inés y los demás?
-Sabes que no he dormido, lo sabes, sabes que me he quedado mirándote cómo dormías hasta que no he podido más y por no despertarte a besos me he venido aquí fuera.
-Lo hubieras hecho.
-¿El qué? –Preguntó, a pesar de saber muy bien de lo que estábamos hablando.
-Despertarme a besos. Me encanta, y eso tú también lo sabes.
-Estabas cansado tras el viaje.
-Para ti no, nunca.
-Para mí sí, muchas veces.
     Me había fulminado, y a pesar de que eran duras sus palabras, no podía reprochar nada, tenía razón. Ella también había tenido fallos, pero siempre había olvidado que era normal que tuviera fallos, era humana. Tenía derecho a equivocarse.

     Sin embargo, había algo, una sensación inexplicable en el ambiente, que solo ella y yo entendíamos, esa especie de tensión entre dos personas que no se ha terminado de resolver. Esa especie de nube que nos rodeaba en la que Julia, todavía desconfiaba de mí. Era como una cría, a la que se le había prometido no quemarse si tocaba el fuego, y desde entonces no se fiaba de aquel éter llameante, ni de nada que tuviera que ver con él, y odiaba los camiones rojos, las sirenas y los bomberos. Al fin y al cabo todos aquellos elementos giraban en torno a algo, tenían algo en común, el fuego. Fuego que una vez dañó a Julia, y ahora no quería saber nada de él.
    No supe bien qué decir, ni ella. Solo quería que terminara de reñirme, que se quedara tranquila y vacía, que no se guardara nada y me dejara enamorarla otra vez. Pero era complicado, y por miedo a estropearlo me quedé callado. De hecho estaba tan callado que no se separó de mí, y lo interpreté como un pequeño haz de luz, una pequeña y remota posibilidad que no debería desperdiciar. Aunque Julia no me hubiera dicho verbalmente que me perdonaba, que todo estaba bien, que tenía vía libre para sorprenderla... después de todo eso sería mentir. Mentirme a mí porque se estaría mintiendo a ella misma, no me había perdonado.

     Sin embargo, seguíamos tan pegados uno al otro que casi no nos hacía falta la manta, que nos dábamos calor mutuamente. La levanté en peso un poco, y quité sus pies del suelo, para ponerlos encima de mis zapatillas.
-No tienes calcetines Julia.
-Ya.

-Enfermarás y no podremos aprovechar algunos días. -En seguida me quitó las zapatillas de andar por casa y se las puso quedándome a mí en calcetines blancos encima del frío suelo. -No hemos solucionado el problema ahora me enfriaré yo.
-Ya. Pero a mí me gusta cuidarte y si estás enfermo, mañana no iremos con Inés y los demás. Solo pido un poquito de ti para mí, quitarte la fiebre que te pueda dar y dormir contigo acurrucados para que mantengas el calor, levantarte y darte un buen vaso de leche de esos calentitos con miel, y volver a sentarnos en el brasero viendo una película pero esta vez con un buen pedazo de tarta que hay en el frigo.
-Pides para mañana algo que podremos hacer cualquier otro día en todo este tiempo. Pides para mañana cambiar los planes con los chicos. Ellos quieren verme y yo a ellos también.

-Lo sé, pero el día de hoy me ha sabido a poco tras tanto tiempo fuera, sin tenerte, mañana quiero tiempo para nosotros solos.
Está bien, caprichosa. -Mentira de nuevo, no venía a cuento lo de "caprichosa". Julia pedía lo que quería. La llamé así para picarla, pero no resultó. Yo estaba encantado de que me pidiera eso. Estaba deseando tener tiempo para nosotros después de lo ocurrido. Al fin y al cabo, la falta de tiempo para disfrutarnos había sido una de las causas por las que...
Yo siempre había pospuesto a la chica a varias cosas que podían esperar, y ahora lo veía con más claridad.
-He pedido que estuvieras bien, mientras estabas fuera de casa, he pedido que no te pasará nada malo, y he pedido que estas cosas solo las hicieras conmigo. Te he pedido a ti por Navidad.
-Pues aquí me tienes.
-Aquí te tengo.


Le tapé los ojitos, con la mano, aquellos, preciosos caramelos, de color marrón chocolate, de los que estaba enamorado, y la llevé a la cama, sin ver nada. Una vez allí, apagué la luz, me metí con ella entre las mantas y el colchón, y la abracé hasta caer en un profundo sueño.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Desde lo más profundo.



     Soy esclavo de mis actos. Lo admito. Soy informal en cuanto a mi estilo de vida, y no me gusta. Hablo con el corazón y enredo con actos lo que podría ser el próximo motivo por el que tu sonrisa volvería a surgir. 
     Mi "yo" ya no me traga. Noto que algo ha cambiado dentro de mí y no sabría muy bien explicarlo con palabras, por eso quiero hechos. Ninguna parte de mi cuerpo, excepto el corazón, me acepta como persona, y debe ser porque hace tiempo que no les hago caso. Le tienen envidia y lo intuyo. Debe ser que hace tiempo que he roto con esos principios tan radicales y que me estoy convirtiendo en ese tipo de persona que tan rara me resultaba hacía tiempo. ¿Cómo es posible que la gente seleccione a un reducido grupo de personas para amar, y no pueda amar y tratar a todos por igual?

     Y ahora lo entiendo mucho mejor.
     Recuerdo a ese hombre tan importante en mi vida. Javier, siempre ha sido para mí un amigo íntimo, a pesar de la diferencia de edad que nos separa, y recuerdo que siempre que ha podido, me ha ayudado a curarme las heridas, a limpiarme la sangre, a ponerme el vendaje, y a darme esa palmadita en la espalda que tanto me anima a seguir a delante. 
     Siempre tuvo para mí, dos frases que me marcaron a fuego lento. Hoy vengo a hablar de la segunda, pero quiero dejar como regalo al lector, también la primera. Además, seguro que indirectamente, la primera también me afecta, y me anima a seguir con este cambio en mi vida, mi proyecto de mejorar, y recuperar algo que ansío hasta el punto en el que sinceramente creo que soy totalmente vulnerable por primera vez. 

    1º "La vida no tendría ese sabor dulce, y no sería lo que es, sin esas dificultades de las que tanto te quejas."

    2º "Para decir  una vez y que valga la pena, primero tendrás que decir no varias veces a cosas a las que sin duda alguna te apetecería decir ."

     Y ahora que me veo en la tesitura, le doy la razón sin dudarlo. En primer lugar, porque estoy convencido de que sin el sacrificio, el éxito no sabría tan bien. Y es tal mi devoción por conseguir esta meta, que no me importa sufrir, siempre me ha parecido coherente eso de que; "cuanto más se sude en el entrenamiento, menos se sangrará en la batalla" y me anima. De hecho creo que cualquier frase con el fin de animarme podría ajustarse a esta etapa de mi vida, en la que quiero enseñar mucho de mí a personas que me importan y demostrar otras tantas cosas a las mismas. Y leer, analizar y asimilar esas frases, suena reconfortante y me sube la autoestima. 

     Pero no me entretengo más, aunque tenía sentido y concordancia lo que habéis leído con lo que quiero analizar. 
     Javier, siempre me dijo todo esto con una sonrisa en la cara, y siempre me pareció que estaba rozando los límites de la prepotencia. Aún a pesar de que lo amo con toda mi alma, y que estoy deseando verlo por allá por Gijón, siempre pensé eso de él, hasta hace poco. Cuando realmente entendí que lo decía con una sonrisa en la cara, porque sabía perfectamente que en ese momento en el que me lo decía, yo no estaba comprendiendo el por qué de nuestra conversación. "Hombre precavido vale por dos" y me gusta pensar que mi amigo, quiso regalarme aquellas palabras para que el día que no pudiera limpiarme las lágrimas, sus palabras me acompañaran y me hicieran reflexionar. INTERESANTE, cuanto menos, la manera tan especial en la que Javier me ha protegido, y se ha ido dando a conocer, aún a pesar de no estar cerca de mí físicamente. Pero es cierto. Y no tengo más que añadir, la segunda frase que os muestro, cobra para mí un sentido inigualable ahora mismo, en esta etapa de mi vida, a la que llamaría "yo contra mí mismo". 
     Y es que resulta que como respuesta a la pregunta en grande que tantas y tantas veces me he formulado, y aparece en el texto realzada, cambiada de tamaño y sombreada, me vino a la mente eso de que a veces hay que decir no para más tarde poder decir realmente 

     Ahora, es uno de esos momentos en los que tendré que decir que no, a cosas que en otra ocasión de mi vida tal vez habría dicho que sí, aún que eso signifique privarme de ocasiones únicas, pero tal vez ese sea el único camino a la meta que tantas ganas de tengo de abrazar con mis propias manos.  Y poder decir así gustosamente, .

     Miro por la ventana, e imagino tantas cosas como minutos hay en una vida, y se me vienen a la mente ideas, recuerdos, y sobre todo ganas. Ganas de poder expresar con actos lo que antes relataba con palabras. Ganas de mantener esta vía, sana, escribir, que me sirve un poco como anestesia local y calma las ganas locas de besarte. 
     Y es que resulta que la gente es capaz de seleccionar a un reducido grupo de personas para amar, porque es ese reducido grupo de personas los que el corazón elige sin importar cuantas otras personas interfieran en la vida de una persona, elegidas estas últimas por el juicio y la razón
     En definitiva, decir a veces que no, para dejar paso a personas privilegiadas, diciendo realmente que .

sábado, 14 de septiembre de 2013

La herida que nunca se cerró.

       

      El silencio inmediato que deja caer una explosión, ese "piiiiii", tan molesto se me metió en la cabeza, mientras decía todo aquello sosteniendo su cabeza entre mis manos y mi pecho. Todo aquello que se había convertido en una herida mal curada, terminó por rasgarse entera, y teñir este texto de este color tan poco habitual. Escribir puede darme unos metros en esta habitación que se me hace más pequeña cuanto más pienso en todo este asunto. 

     No entiendo muchas cosas que hace meses tenía claras. No tienen sentido otras tantas. Y mi sensación actual no sabría calificarla de ninguna manera. Me siento aturdido debido a tanta presión, y esta tarde no hacía más que pensar en el momento en el que el pestillo se retractara y me descubriera.

     Hoy no tengo nada en claro, sin embargo, siento en mí esas buenas vibraciones tras haber mudado la piel, y eso hace que la pequeña llama luche hasta el final. Jamás me había entendido tan bien desde los ojos de otra persona. Jamás me había sentido tan seguro de algo. Y por último, jamás había experimentado esto antes, jamás un "te echo de menos" me había dejado tan atontado, aún habiéndolo liberado yo, de mi boca. ¿Será porque nunca antes me había abierto de esta manera?
     Me he encomendado a mí mismo la misión de sorprender. Pero para ello necesito que la entrenadora me dé la confianza que salir al campo, requiere. Demostrarle que soy mejor que toda la larga lista de jugadores que tiene en el banquillo. Y cometer, siempre que se pueda, alguna locura para agradar al equipo que formamos. Porque por amor se hacen locuras.¿Segunda partes nunca fueron buenas? ¡Venga ya! No me lo trago, porque desde pequeño se me enseñó eso de que "todo el mundo merece una segunda oportunidad en condiciones" Pruébame y catalógame. Pero pruébame ahora. 

     No molesto más, porque el mensaje ya está transmitido desde que leíste el título. "La herida que nunca se cerró". Que te sigo queriendo. 
     Entre otras cosas, paro, porque estoy sobrepasando los límites de mi confusión y antes de emborronar el mensaje prefiero parar. Debe ser ese silencio inmediato del que te hablaba antes, que no me deja pensar con claridad.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Porque yo también soy humano.

          De entre todos mis herrores.

     Hoy me levanté con esas ganas de decirte que te quiero, y que no ha cambiado nada en todo este tiempo. Que me salió mal la jugada, y por eso he soñado algo distinto a lo que estoy acostumbrado. Que reconozco mis herrores, cuando algo falla. Y soy mi primer crítico para decirme a mí mismo que; "Chico, lo estás haciendo francamente mal."

     Que me sé mi historia de cabo a rabo, y que lo último que necesitamos a veces, es un "te lo dije" gris y feo que nos mete el dedo en la llaga y hace que nos duela aún más. Pido perdón a quién le fallé y aprendí que no podré resolverlo con un "te prometo que esto no volverá a suceder". Porque ya me lo dijo esa mujer morena que vive en mi casa, a la que llamo por su nombre, Mati, y a la que amo con todo ese músculo que se dedica a bombear sangre de lleno por todo mi cuerpo, el corazón. "Cariño aprende a no prometer tanto a nadie. No eres de nadie, y con las promesas te atas a quién prometes, y tú eres solo mío." Bendita locura de mi día a día, mujer de mi vida, gracias por darme tanto y quitarme tan poco, por entenderme en cada arrebato de dieciocho años en el que destruyo mi vida por completo. 

     Que no me entretenga nada, que me desvío, y se me olvida decir que tras soñar, hoy, decidí cambiar de rumbo, porque no me satisface seguir con la brújula desviada del horizonte. Que me cansa saber que no voy bien encaminado y que no me fío de mi diario de abordo. Que las gaviotas ya no me acompañan y me siento como un marinero de agua dulce, perdido en un vendaval.
     De entre todos los dioses, hoy ha decidido acabar conmigo Neptuno, pero me resisto a su tridente y a su fuerza. Que se ponga a la cola y espere con el resto, porque antes de llevarme tengo que decirte que te echo de menos. Y sacar valor de donde tal vez no lo haya para presentarme de nuevo. Que me conozco más y la vez menos, y necesito que me eches una mano, para bien o para mal. Pero al menos quitarme este malestar de mi pecho, que hace tiempo que me traiciona al pensar en ti.

     Hoy en día vamos por la calle como si llevásemos 10Kg de C4, somos auténticos autómatas de nuestra propia cabeza, que nos obliga a depender de ella, y a veces nos olvidamos de que algunas ocasiones solo es necesario sentir. Y a mí, se me olvidó contigo. Maldita sea la hora en la que la cabeza me ganó la partida y yo seguía luchando contra sombras absurdas que no tenían ningún valor, relegándote a un segundo plano.
     Tenemos una conducta totalmente irracional y kamikaze contra aquellos ojos que nos miran, esa boca que nos sonríe o esa mano que se nos tiende y damos asco.

     Hablo de los ojos, la boca o la mano, de esa persona que ahora mismo tú, que lees esto, y yo tenemos en mente. Porque no vas a engañarme. Y es que todos, tenemos a una persona a la que desearíamos abrazar ahora mismo y poder esnifar ese aroma suyo tan característico, y que la define por completo, para poder decirle eso de: "Ya estoy aquí. No te preocupes porque he vuelto, para quedarme". 
     Y de entre todo esto, resulta que no hay más que eso, y que simplemente, es tan sencillo como lo que has leído hace unos segundos. Vengo a decirte eso, que me arrepiento, que no tengo excusa y que me presento ante ti, como lo que soy, yo mismo.

     Realmente me amo y me odio a tiempo parcial, porque nadie sabe lo estúpido que me siento. Pero... sin embargo, por otro lado, estoy seguro de que NO quiero un manual de esos, de esos que tiene la gente perfecta, bueno, que aparentan ser perfectos. Pobres ignorantes que aparentan saberlo todo. Y digo pobres no solo porque estén confundidos, si no porque se pierden la dulzura de una reconciliación, y el beso en la frente que nos fulmina y nos hace caer rendidos, nos abre los ojos ante el herror que hemos cometido, y nos termina de enamorar de quién nos perdona.
     Pobre también de ellos, que dicen saber todo, porque se me enseñó, como valor esencial para las relaciones de la vida, que hay que ser humilde, y saber pedir perdón al mismo tiempo que aceptar una disculpa siempre y cuando sea sincera. 
    Y aún así, en ambos casos, se me enseñó también que han de ser los dos, quién perdona como quién es perdonado, debe hacerse con lo que late y no lo con que se piensa. ¡Y si no el perdón no vale, está roto y asqueado, punto! Así no se saca beneficio ninguno a un acto tan importante, y que tan pocos saben valorar como es; perdonar.

     De verdad que temo, por las generaciones que vienen, porque solo se les enseña a odiar y aprovecharse de la gente, y por ahora les funciona, con gente que aún sabe lo que es el perdón, perdonar. El fin del mundo se acerca amigos, y se desatará cuando la gente ya no se fie de nadie, porque nadie creerá en nadie.

     Como decía, y quiero ir terminando, no quiero un manual de esos, de la gente perfecta que te explican la vida. PREFIERO VIVIRLA YO. Siento decir que prefiero seguir equivocándome, y aprender todo lo que haya que saber, sí, pero por mis propios méritos. Aprender a no fallar a aquellos que me importan. Creo que por fin entendí, que puedo complacer a quién quiera ser complacido con tan solo ser yo mismo. Pero créeme, y guardame el secreto, de que me ha costado tanto...  que aún me escuecen los ojos a causa de que me quedé sin gaviotas ni lágrimas en los ojos. Por llegar a la gente me confundí, y me catalogué a mi mismo de iluso y soñador. ¡Aprende chico que los dedos de las manos te sirven para contar la gente a la que tendrás que defender y amar en este tiempo que estés aquí! Y he de decir que no hay verdad más verdadera. Bueno miento, sí que la hay, y se resume en que todavía, a día de hoy, t'estimo molt.

martes, 10 de septiembre de 2013

De entre los textos perdidos

    Le quité el polvo y las telarañas y aquí están, de entre mis posesiones más valiosas; 

           Textos que nunca antes publiqué 

     "Hoy" es una de esas palabras que tanto interés me causan. Debe de ser por eso de que nunca sabes como terminarás hoy, o que es una etiqueta, o expresión bastante abstracta, que deja sus límites como concepto, demasiado borrosos. O que yo, nunca supe definir el "hoy", pero no me subestimen, ni tampoco se molesten por lo que leerán ahora, pero seguramente, ustedes tampoco sepan definirlo.

     Doy gracias, por tener una distracción tan sana y a la vez tan bruta. Ponerme a escribir implica partirme por la mitad como si fuera un palillo y que la cabeza y el corazón se sienten a conspirar contra mí. Los noto dentro de mí pinchándome para que expulse todo aquello que me gusta, me duele, me llena o me llega y que nunca se va. Y tal vez, incluso debiera darle las gracias por hacerme pincharme, pues aún a sabiendas de que duele, me ayuda a quedarme más tranquilo.  Siento la debilidad de escribir, como la necesidad por consumir oxígeno en cada bocanada de aire que tomo.
     
     Pero no todo son malas noticias. No todo es sentirme como el genio de Kurt Cobain, al notarme frustrado por escribir medio obligado, medio extasiado. Tengo una noticia, no sé si buena o mala, para los que se sienten apenados desde que el mundo es menos mundo. Para aquellos que en lugar de ponerse pesados con enlaces de blog's, o de canciones en "YouTube", pregonan por doquier, páginas de preguntas, en las que la gente se ceba con ellos, para sentirse así más importantes, sabéis de qué páginas hablo, ¿verdad?. Sigo. Para los que hoy, como yo, mueren de asco por la melancolía sin saber muy bien hacia qué o quién...  Quizá os alegre un poco saber que he decidido traer a vuestra pantalla, a la morena de ojos azules que no hace mucho os tenía tan enamorados como a mí. Vuelve mi pequeña, que nunca se fue. Echo de menos a Julia, y tal vez por eso, he decidido que volváis a enamoraros de ella. 
   
     Aún así decir que lo siento, de antemano, porque he de confesar que primero, os presentaré esa colección de textos antiguos, a la que he decidido llamar, Textos que nunca antes publiqué. Ponedle vosotros a éste el primer título que hoy me da pereza.


"     Aprendí a mirarte con los labios, y a quererte por encima de lo que ellos toman por, amor. Llegué a pensar que en mi pecho no cabría jamás nadie a quien pudiera querer tanto, y me has enseñado que una vez más, me equivocaba. ¿Será por ti que vuelvo a sonreír como un niño? Ahora escribo cómodo, de nuevo, imaginando tu rosto, y escribiendo tu nombre por todos lados de una libreta barata.

     Pensé que sabía todo sobre la vida y al conocerte me he dado cuenta de que no, otra cosa que aprendí de ti. 
     Es por eso que me pregunto si ahora también habrá recovecos en mi corazón que todavía no conozca.
     Si te dijera, todas las cosas que he sentido en un segundo al imaginar mis labios rozando los tuyos, mi lengua acabaría quemándose.
     Y he despertado tantas veces bañado en un sudor frío, de un sueño en el que te pierdo y sigo reteniéndote en mi memoria, que ahora me da miedo soñar.

     Alguien me enseñó que decir te quiero
, es poco para amar, y que amar es poco para cuando no puedes olvidar. Que querer está por debajo de adorar y que a la vez por encima de cualquier posibilidad. 
     Y pienso que querer es andar por encima de fuego, pues te quemas a medida que avanzas al igual que si te quedas inmóvil, pero una vez que has pasado, podrías pasar una y otra vez.
     Lo malo, de todo esto es la sensación de escalofrío que me invade cuando tus labios se posaron en mi mejilla, el pensar que a tan solo unos centímetros están tus labios, me pone la piel de gallina, y me encanta.
     Pensar que tal vez mil fotos se estancarán en un finito álbum con letras rojas sobre un fondo blanco me hace seguir queriéndote y me gusta esta sensación de enamorado que me persigue hasta cuando estoy tumbado en la cama, pensando en lo linda que te veré mañana, y lo mucho que te quiero hoy."

domingo, 8 de septiembre de 2013

Por una sonrisa tuya.

                          SONRIsa

     Hoy el tiempo me sabe a desperdicio. A esa sensación insana de los miércoles. A ese tiempo desaprovechado en el que tú y yo no somos nada. Pero aún así, no me quejo. No me quejo ni más ni menos porque sé que sigo vivo, y que en lugar de recitar, como en Casablanca, eso de que "Siempre nos quedará París", a mí me reconforta eso de que "Siempre me quedarás tú", o eso otro de que "Siempre me quedará sonreír".
     Recuerdo que hoy me apunté en el corazón, en esa parte del corazón donde también se llora, esa frase que me dijo un amigo, una de esas personas que están en las buenas y en las malas; "Yo también he visto el borde del fin del mundo, y aquí estoy para contarlo"
     Me sabe bien que la mermelada de fresa no sepa a esa sensación insana de los miércoles de la que te hablaba antes, ni a esas lágrimas saladas que siempre se me quedan en las pestañas de los ojos, pestañas que tantas veces has besado para decirme con un silencio, que ya era hora de dormir.

     Voy a por una botella de agua fría, y la castigo hasta vaciarla, y le digo a mi pequeña que LA QUIERO, porque sé que "Madrid" me resolverá mis problemas. 
     Y sé que me hará desesperar hasta hacerme olvidar de como tenías hoy el pelo, y cada uno de tus lunares.
     Y pensar que esto no son más que los despojos de alguien que quiso alegrar a otro alguien antes de irse a dormir, y mezclarlo con lo que hoy escupe su pecho...   Da gusto saber que al menos tendrá una lectura. Que al menos sonreirás al leer esta frase que ahora mismo escribo frente a la pantalla, porque va para ti.            "Sonreír ; Acción de reír sin emitir sonido alguno" Y el diccionario se equivoca. Se olvida de esa parte en la que arrancamos a sonreír y previamente tenemos que colocar nuestro corazón, limpiarlo de polvo y rotos, coserlo, y sonreír. Todo eso en menos de una fracción de segundo. Por eso me apasiona tanto el pecho de una persona, y no por sus curvas. Por eso odio tanto ese humo que entra hasta lo más profundo de éste, y arranca un poco de vitalidad en cada calada. 
     Soy de esas personas, que se enamora de la sonrisa de la gente, al igual que tú que me lees ahora mismo, si no habrías dejado de leer en la segunda línea, porque en Internet hay millones de cosas mejores que los sentimientos apaleados de alguien que escribe por amor a cada pensamiento que le surge del fondo del estómago. 

     Benditas tus cosquillas. Que no se me han olvidado, y sigo notando cada una de tus uñas clavándose, suave y delicadamente hasta lo más profundo de mi cráneo. Rozando cada pálpito de mi mandíbula desencajada, que retomaba la postura tras cada zarandeo de tus dedos al bajar por la nuca hasta mi cuello, y rozando los límites con mis hombros y espalda. Bravo por tus besos. Que me hacían olvidar las noches como las de hoy, los malos tragos y cada una de las horas que había pasado en el aula esperando a que llegara el viernes, y pasara esa sensación nauseabunda de los lunes, para poder verte a toda prisa y corriendo. Que me hacían llorar como el crío que hoy y siempre seré, cuando las cosas iban mal y nos arrepentíamos, que me hacían libre como las piedras que los niños lanzan al aire con su tirachinas. Gracias por tu colonia. Porque se quedaba en mi cerebro guardada, y en la manta de la cama, en cada una de las camisetas que te dejé, y en las prendas que hoy quiero que sigas teniendo. Y que me recordaba y recuerda a cuando salgo a la calle y huele a tierra mojada, a pan recién hecho, o a cualquiera de esos olores que me da la vida. ¡Por qué me daba la vida olisquear tu aroma! Como un perro hambriento encuentra en la calle un trozo de pan. Tu fragancia. Pequeña tu esencia. Pero intensa, como un grano de café puro. Como el cacao cuando se deja tostando al sol. Como esas gotas de alcohol que te caen en la comisura del labio, justo donde el frío te ha roto la piel y tienes una herida. Debe ser por tu esencia, eso de que en los distintos hemisferios el agua gire en un sentido u otro. 

     Y me callo, como aquel o aquella que para la lluvia de esa tarde de verano en la que el sol se oculta tras una lona gris, color cemento, no quiero que nadie crea que esto son mis adorno de un postre que no te quisiste terminar. ¡Por favor! Menuda patraña y mentira eso de que has de cuidarte de quien sabe escribir porque tiene el poder de enamorarte sin siquiera tocarte. Aunque reniegue de escribirte tan siquiera una línea más, no me creo que pueda enamorarme de quien no puede besarme, y marcar una huella en el corazón. Que los amigos amigos son, y que el amor perdura como el color verde en Irlanda. Que el color de tu mochila de cuero se me ha pegado a la retina como la vista desde tu balcón, o aquella noche que bajaste en pijama, y no se me ha olvidado desde que te he visto.
     Por una sonrisa tuya, que no tiene nada con lo que compararse, y por eso termino aquí mi escritura, para decir que ese lunar, sigue siendo mío, aunque al mundo y a ti no os guste.