sábado, 14 de septiembre de 2013

La herida que nunca se cerró.

       

      El silencio inmediato que deja caer una explosión, ese "piiiiii", tan molesto se me metió en la cabeza, mientras decía todo aquello sosteniendo su cabeza entre mis manos y mi pecho. Todo aquello que se había convertido en una herida mal curada, terminó por rasgarse entera, y teñir este texto de este color tan poco habitual. Escribir puede darme unos metros en esta habitación que se me hace más pequeña cuanto más pienso en todo este asunto. 

     No entiendo muchas cosas que hace meses tenía claras. No tienen sentido otras tantas. Y mi sensación actual no sabría calificarla de ninguna manera. Me siento aturdido debido a tanta presión, y esta tarde no hacía más que pensar en el momento en el que el pestillo se retractara y me descubriera.

     Hoy no tengo nada en claro, sin embargo, siento en mí esas buenas vibraciones tras haber mudado la piel, y eso hace que la pequeña llama luche hasta el final. Jamás me había entendido tan bien desde los ojos de otra persona. Jamás me había sentido tan seguro de algo. Y por último, jamás había experimentado esto antes, jamás un "te echo de menos" me había dejado tan atontado, aún habiéndolo liberado yo, de mi boca. ¿Será porque nunca antes me había abierto de esta manera?
     Me he encomendado a mí mismo la misión de sorprender. Pero para ello necesito que la entrenadora me dé la confianza que salir al campo, requiere. Demostrarle que soy mejor que toda la larga lista de jugadores que tiene en el banquillo. Y cometer, siempre que se pueda, alguna locura para agradar al equipo que formamos. Porque por amor se hacen locuras.¿Segunda partes nunca fueron buenas? ¡Venga ya! No me lo trago, porque desde pequeño se me enseñó eso de que "todo el mundo merece una segunda oportunidad en condiciones" Pruébame y catalógame. Pero pruébame ahora. 

     No molesto más, porque el mensaje ya está transmitido desde que leíste el título. "La herida que nunca se cerró". Que te sigo queriendo. 
     Entre otras cosas, paro, porque estoy sobrepasando los límites de mi confusión y antes de emborronar el mensaje prefiero parar. Debe ser ese silencio inmediato del que te hablaba antes, que no me deja pensar con claridad.

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