viernes, 20 de septiembre de 2013

Carta al cielo

 

     Hola buenas, vengo con la intención de no molestar, ni a ella ni a nadie. Espero que podamos mantener una "conversación discreta" no quisiera hacerla llorar. Vengo con la intención de decirle que no me he olvidado de lo que para ella significan los "veintiuno de septiembre". Vengo a hablarle con total lejanía. Porque usted no me conoce, y yo a usted tampoco. Sin embargo, es cierto que lo he visto en fotos, y siempre sonriendo, debió ser una persona muy alegre. Y aunque ahora no pueda abrazarla como me gustaría, he de darle las gracias.
     Gracias sobretodo por acercarme a la primera persona que me enseñó lo que es amar. Soy un estúpido, ¿sabe usted? Tuve lo que todo el mundo quería y no lo supe mantener. Sí en efecto hablo de su pequeña, una mujercita a la que todo el mundo adora, y he de decirle que es así porque ella se hace querer. Tan sencilla,   tan linda, tan cariñosa… así la conocí y así sigue. 
     Creo que debió ser eso lo que me llamó la atención de ella. Y más tarde me… fulminó, en el buen sentido de la palabra.

     Usted y yo" hablamos" el año pasado. Me habló de usted con lágrimas en los ojos y una sonrisa en la boca nada más conocernos. Y no creo que eso lo haya hecho con todos a los que en esta vida ha conocido. Por cosas como ésta me flagelo a mí mismo en mente, por tener algo tan puro y dejarlo ir de la manera más estúpida, ahora llamo a su puerta y no me abre, y la entiendo, no se fía y es normal. ¿Qué voy a quejarme? Solo puedo seguir intentando llamar su atención llamando a la puerta y que el karma o usted o cualquier fuerza divina que nos ampare la haga cambiar de opinión, y me deje una sola oportunidad más para dejarme ver con un nuevo rostro y una nueva forma de ser.

     En parte le escribo a usted porque estoy desesperado, en parte le escribo porque siempre me quedaron ganas de saber más de usted, y en parte porque aunque nunca lo llegué a conocer, ella me habló de usted de tal manera que en mi mente siempre me ha transmitido paz. Y ahora vuelvo a agradecérselo, una vez más, vuelvo a darle las gracias por traer al mundo algo tan puro y tan fino cómo su hija. 

     Permítame decirle, con toda la honradez del mundo que se me otorgue en estos casos tan delicados, que aún a día de hoy, lo echa en falta, se le nota en la mirada y en su sonrisa, no luce como siempre cuando se pasea de vez en cuando por su mente. Y como un vendaval, se lleva ese rostro tan bonito con el que me enamoró. 
     Aún recuerdo esa foto, todos de críos sentados en unos escalones grises y fríos, y a la derecha, en una esquina, usted, vigilándola desde allí, desde un escalón o dos más arriba, al igual que hará ahora, siempre desde arriba. 
     Mi más sincera disculpa, de verdad que no tengo otro sentimiento que el de culpabilidad y quisiera pedirle perdón cara a cara. Porque me prometí protegerla por usted, porque le prometí protegerla, y echo la vista atrás y… veo que lo he hecho tan mal, tantas veces la hice llorar, que tendré suerte si algún día usted y yo nos topamos y me dirige la mirada, y tan solo me dice HOLA. 
    Porque miro ahora, a mi lado, y no la tengo, soy IDIOTA

    Como dije al principio, mi intención no es molestar, ni a usted, ni a ella. Le escribo con la intención de sentirme mejor persona, de perdonarme a mí mismo, de transmitirle todo mi agradecimiento por dejarme como regalo el hecho de conocer a una persona tan especial, y que ella me diera momento tan entrañables y buenos, y por último de poder darle a entender que no sabe usted lo increíble que es.
     Podría pasar horas y horas describiendo lo que para mí, sin exagerar sería lo más cercano a la bella bondad, a la templanza y al genio, todo eso concentrado en una persona. Podría pasar horas describiendo lo que para todos es el encanto, el amor y el cariño que ella muestra por el débil, el incomprendido o el desdichado. Pero todo eso sería molestar, pues ¿quién mejor que el autor de una obra para conocerla? Aunque la dajase de conocer cuando estaba empezando a crearse como obra. ¿Quién mejor que el jardinero para saber cómo es su pequeño árbol? Que algún día dará sombra a tantas y tantas personas. Aunque el jardinero no llegara a verlo crecer...
¿Quién mejor que usted para saber cómo era y cómo es? Seguro que sonríe usted al leer esto porque sabe perfectamente de lo que hablo. De que si tuviéramos la oportunidad de charlar cara a cara, tomando tranquilamente un café, reiríamos sin parar, porque terminaríamos muchas frases que el otro empezó, al hablar sobre ella. Y tendría tanto que enseñarme sobre ella… tanto que yo aún no sé y me muero por saber…

     Precioso el detalle que le dejó en la cara, ese lunar, ¡ay Dios mío! De verdad que me trae de cabeza, me tiene loco. Ese detalle… siempre pensé, y ahora también lo pienso, que está ahí por algo, por alguien más bien. Por usted. Sí, es cierto. Desde que supe de su existencia, y me contó más acerca de usted, le atribuí esa pequeña parte de su cuerpo y lo relacioné estrechamente por usted. Mi lunar… perdone si lo ofendo pero, me encanta y se lo robo con su permiso. Espero que no le importe. Me encantaría hacerle una visita ahora mismo y poder abrazarla con fuerza. Me mata pensar que está en su cama echándole de menos con todas sus fuerzas, tumbada, como hace siempre que se siente vulnerable. En esos momentos siempre quiero abrazarla, y cuando tuve la oportunidad, no lo hice. Y ahora que quiero hacerlo, no tengo la oportunidad. Irónico, ¿eh? 

     Mi más sincera despedida. Espero tener suerte, que me deje pasar y poder sorprenderla, y así escribirle pronto para decirle que de nuevo tengo la oportunidad y ahora no la desaprovecharé. Que de los errores se aprende y yo, aprendí del mío a un alto precio. 
     Estamos en contacto, un abrazo, y sin falta nos vemos el año que viene. Veintiuno de septiembre.

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