domingo, 22 de junio de 2014

Usuario y contraseña

     Nunca he sido hombre de poesía, ni de lírica. Me muevo, en cambio en la satírica, reiterando lo estúpido del balanceo que para mí, supone esto a lo que llaman vida.
     Hoy he caído en la cuenta de que he vuelto a echar de menos todas las gotas de agua que se han marchado por el sumidero sin servir a la causa. Nacidas para caer. Desaparecer. Como esa mano firme que ya no está, como esa sensación insípida de lo que un día fue tu alma gemela. Periodos de un verano que se confunden con algo que iba a ser para siempre.

     He despertado de un sueño en el que me comprometía a todo. Hoy no me ato a nada, ni a nadie, por triste que suene. Por irracional que parezca, hoy soy la excepción de confirma la regla y he decidido romper eso a lo que el hombre llama "ser social".
     Añadirme a la compra de la lista, porque estoy acabado en la despensa. Y ya no me hace gracia que me acaricien la nuca, no dejo que el viento se muestre tal como es, y hace tiempo que no acudo a la cita veraniega del balcón, para contarle como ha ido el día. 

     Si me preguntan, no soy el mismo, y lo noto. Tan sólo sé que tengo esa parte de mí que tanto me gusta, latente. Superficial y esquivo, para evitar ser la farmacia de nadie. Veinticuatro horas no aguanta nadie toda su vida. Y yo no soy más que nadie, menos que nadie.
      Me encanta soplar velas, se ha vuelto una adicción para poder pedir deseos libremente, al menos así entiendo el mundo de alguna manera, y establezco leyes internas que me facilitan accesos de comprensión a este paradigma; "siempre se establece lo contrario a lo que desees". Basado en las principales leyes de Murphy.

     Tengo un problema con el mundo, y es que cada vez noto que va a más ese declive del que siempre he intentado escapar. Las sensaciones son nulas. Por completo. Y la palabra del que te habla NO VALE NADA. Antes me preguntaba a dónde iríamos a parar con todo esto. Pero hoy pocas cosas me asombran. La verdad, es que me he vuelto más narcisista, en una comunidad enferma por el amor propio. No lo entiendo. Me posiciono siempre mal, y ando siempre a caballo entre esto y aquello, no me aclaro.
     La verdad es que me viene bien no entendernos, rechazaros en cierto modo y que no terminéis de contaminarme con ese modo de vida que lleváis y que debe ser insano. Creo que es normal que cada uno barra para su casa, y así poder decir que en el país de los ciegos el tuerto es rey.

     En camilla, y con gotero, así tengo al pensamiento. Encerrado bajo llave de tanto darle al coco, sin saber muy bien por dónde paso, si esto es temporal o permanente, y acabe de fichar por el club de esa panda de tarados que caben en los libros a los que les dio por dedicarse a la filosofía. 
     Ondean banderas que no conozco y sigo echando en falta el olor del mar, el sabor de unos labios a los que jurarle paseos por los anillos de Júpiter, porque la Luna tiene mucha demanda, unos brazos que me acojan cuando todo implosiona, cuando no me aguanto, cuando no necesito de nadie, un pecho que me trate estos dolores de cabeza y que deje que se ahoguen todas las situaciones desesperante de una vida que no entiende el dueño de ella por no recordar usuario y contraseña.
     






















lunes, 21 de abril de 2014

Sábado noche



     "No quiero la ayuda de quién me la preste por compasión, o forzada, ni los besos que ofrece el compromiso, ni la sonrisa que dan la apariencia y el disfraz, de que todo va bien."

     Y la sorpresa me atrapa, me coge de imprevisto y no me suelta, de pronto esos ojos azules están ahí, en frente mía, y yo con estas pintas, me han sobresaltado de lleno.
     Me paro, veo como se abalanza el mundo sobre mí vestido de negro y realmente deslumbrante para salir a tomar algo, cojo fuerzas, respiro profundo, y sé que el choque está próximo, pero ya es tarde para apartarse. Es como lanzarse al vacío, antes tienes miedo, inevitable... 
     No me lo esperaba. Se trata poco menos que de una violación a mi tranquilidad. Pero esa sonrisa, me es familiar, sé que no puede hacer daño, y aunque su intención es limpia, aunque su alegría asoma en cada pequeña arruga de los ojos, yo me dejo llevar por un sin fin de recuerdos que saben agridulces, y todo se vuelve frío, esa sensación previa a romper a llorar, ese tortazo que te salvaguarda de algo peor, cómo una lluvia de verano, algo extraño y nuevo para mí, que no sabría clasificar. Algo a caballo entre lo frío y lo caliente. Algo entre dos contrastes que no sabes si te hace bien, por verla y saber que todo está en orden, o mal, por verla y saber que todo está en orden sin ti, y duele. No sabes qué significa ese mar celestial que te corre por la piel y te cala, pero te moja y no eres nada, no eres nadie para impedirlo. 

     Se acerca y no tengo nada que hacer, en el fondo me alegro de verla, no tengo miedo, pero a la vez, joder, estoy temblando y no quiero que lo note, me ha dado más fuerte de lo que pensaba, ¿qué puedo esperar cuando se me acerque él? Tan lindo y tan cariñoso, sé que estoy desarmado, y no tengo nada con lo que defenderme ante algo tan noble y puro. 
     Huele a ella, y su pelo, rubio como el trigo me acaricia la barba, es gracioso notar sus rizos por el cuello, y me saltan las alarmas. Soy como esos anuncios de la televisión que para impactar ponen mil sensaciones y terminan vendiéndote uno de esos chicles, o productos que se suponen que al probarlos te provocan todas las sensaciones de las que se te hablaba. Pero no es un chicle, ni una colonia, no es nada material lo que me produce esa marea de sentimientos que me rompen y me recomponen como si fuera un cubo de Rubik. Soy yo y mis emociones, mi forma de mirarla y de añorarla. Me salía decirle que la quería, que realmente estaba hablando de amor verdadero al ver su cara y que era ternura lo que en aquel momento tenía ganas de gritar, pero no lo hice. Porque aparento fuerza en la herida que poco a poco cicatriza, porque hay cosas en la vida, que no se superan, simplemente se aprende a convivir con ellas. Se tienen en cuenta aquellos hechos que modifican nuestra persona para S-I-E-M-P-R-E y la timidez, que no va conmigo, se apodera de mí. No tiene sentido, pero es así, como la vida misma, no encuentras la explicación a todo lo que ocurre y a veces no te queda otra salida que la dialéctica Hegeliana, Marx y toda esa panda de capullos, algo así como que la realidad es un proceso en el cuál existen elementos interrelacionados entre sí. Todo se complica cuando en dicha parcela de la vida y de esta realidad, en la naturaleza al fin y al cabo, surge una contradicción que se ve superada por la negación de la misma y rematada con la intrusión de un nuevo suceso. La reflexión filosófica más parecida al dicho común de que un clavo saca a otro clavo

    Y estoy mejor de lo mío, pero ¿cómo hago para defenderme de unos ojos azules y una vida tan sincera y tan corta? Imposible. Quedo rendido ante la intromisión de nuevos, y a la vez, antiguos agentes en mis expectativas vitales y no soy más que un puzzle casi resuelto, algo así como una caos artístico. Un don de gentes con pecho para el todo pero no para sí mismo. Me martiriza la idea de pensar que no soy tan dueño de mí mismo cómo pensaba y envidio a quién es capaz de serlo. Pero entonces mi pregunta surge, ¿cuán capaces de mentirnos somos? ¿Cómo esperamos la evolución de nuestras propias máscaras y apariencias? Ante la preferencia por lo natural, personalmente no me considero capaz de cerrarme por completo en una coraza esperando a que el huracán termine arrasando, prefiero salir ahí fuera, ver esos ojos azules que tanto me marcan, y morir dignamente para, al menos, llevarme la experiencia. Después de todo, los errores y el tempo son los mejores maestros. 

domingo, 2 de marzo de 2014

No debería, pero...


     A veces en la vida es necesario regar una vez más un pecho destrozado que guarda un corazón agrietado, con la saliva de unos labios rotos. Pero una vez húmedo no aconsejo acostumbrarse a ese abono, porque las malas hierbas arrasan con todo.


      No debería, pero... ¿qué coño? Tengo toda la vida por delante, para seguir equivocándome sobre qué hacer conmigo mismo y eso debe rentar algo, digo yo. No somos buena combinación, ni de cerca ni de lejos. Y mientras tanto el blanco y el negro solo son colores. Es el racismo lo que se trata de un ideal implantado, influyente y podrido. Los prejuicios no son lo que aparentan ser porque las apariencias engañan y miro el sofá del salón a la par que pienso que ahí se han sentado todas las personas por las que un día quise morir sí fuera necesario, y me doy cuenta de que mi vida vale mucho más. Triste, estoy realmente triste porque este estilo de vida no me va bien, y acabará conmigo. La cabeza me pregunta directamente cómo va todo, y no sé cuántas mentiras más contarle.
Y así otra y otra vez.

        Me hará algo mucho más fuerte. Una garantía contra todo aquello que intente atentar contra mí, es lo único que pido. Poesía que se vuelve negra y deja de agradar, para boicotear tu vida en un instante, así de rápido y feo es el; "Se acabó." Debe ser por eso por lo que se dice que del amor al odio hay un paso. Que no tiene sentido seguir pegándole patadas a una lata que no tiene la culpa de nada, pero en el fondo soy un loco de la natura, y por eso he decidido reciclarte. No esperes que nada de esto vaya por vos. No esperes que ninguna de las fuerzas que dominan el mundo vuelva a unirnos.
        He hablado con el karma, no tiene nada contra mí, y el yin y el yang no tienen nada que objetar. Me siento frustrado por no poder romper las barreras de una jaula de la que he salido hace tiempo. Y ahora estoy que muerdo. 

        No, significa no, y el corazón aprende a base de palos, que los caminos que trazan las lágrimas son tan sólo regueros de dolor por dónde circula el alma que no merece residir en el interior del hombre que crece demasiado deprisa aprendiendo que la vida no es un juego, sino una apuesta mal vendida en la que la limitación del yo se reduce a tan solo unos pocos segundos en comparación con lo que cosmos abarca. La dificultad de un beso, en tan sólo unos pocos segundos de acción. La comodidad de una bofetada ampliada a paso del minutero en una vida.

        Sí, tengo una espina clavada en este asunto, no sé qué hacer con la tentación y me he acostumbrado a la comodidad de la incertidumbre, en la que sólo el lamento tiene algo que decir de todo esto. He pensado en pedir un tiempo muerto, en retirarme del combate más de una vez, y tirar la toalla a la cara del adversario, en coger fuerzas. Luego pienso que yo también me merezco ese pedazo del pastel, y que no se me ha dado así que no hago nada que merezca la pena por el contrario, y sonrío, a lo mejor vivo en la inopia, confundido hasta más no poder... pero ¿qué coño? Tengo toda la vida por delante, para seguir equivocándome sobre qué hacer conmigo mismo y eso debe rentar algo, digo yo.

domingo, 16 de febrero de 2014

El arte de llorar en silencio


"El cierre temporal de uno mismo debe ser un derecho obligado. Pues es preferible la paz del individuo consigo mismo y la guerra con el mundo, a deberle la vida a un mundo tan desagradecido por estar en paz con él."

     Otra vez ese sabor amargo de boca que no se va con nada, otra cerveza para suavizarlo todo y disimular esa sensación tan desagradable al paladar. El diablo viste de traje de seda y zapatos italianos. Es tan solo una crítica más a mí mismo como persona supongo. La rutina se apodera de mí como quién te pide un día de la semana para echar un rato juntos. A veces me gustaría que no fuera así, por seguridad, por comodidad, por calidad de vida conmigo mismo.
     Las reflexiones cada vez son más profundas y es que la sociedad a veces me irrita en el más asqueado de los sentidos. Debe ser que añoro romper los límites de lo establecido, y de esta ciudad de tanto en cuando.
     ¿Qué cómo vive tan tranquila? No lo sé. ¿Cómo puede mostrar alguien tan poco respeto, después de dar la vida por su persona? No lo comprendo. Supongo que estallo cada poco para mí, implosiono porque estoy hasta los huevos de ser la farmacia 24h de todo el mundo. Necesito unas vacaciones que me hagan olvidar demasiadas cosas y es ahí donde entra el arte de llorar en silencio. No entiendo tanta hipocresía social, haciendo que la persona se convierta en lo que no es. Me he fijado en un hecho, una realidad, los círculos que solía frecuentar cada vez dan más asco, porque ahora hacen aquello que una vez dijeron que no harían jamás. Ahora se relacionan con aquel/la al que no podían soportar hace no mucho tiempo. "Supongo que la gente cambia", piensa mi yo menos crítico, pero no basta, también tiene derecho a participar en el nacimiento de una opinión mi otro yo, y bueno... mejor no digo qué opina él de todos y cada uno de todos vosotros. 
    Será que el rencor a veces se apodera de mí, yo intento verlo como el lado más inestable y emocional de una persona hipersensible, y que guarda el daño para devolverlo con creces. Lo siento no soy perfecto y tampoco lo aparento. He preferido dejar esa faceta de vitalidad sin defectos a la marea en la que os habéis convertido. Y a veces no sé que digo. 

    Llevo un par de días forzando algo, para quedarme tranquilo al escribir, al igual que un orgasmo, quedar limpio. Pero forzando el mecanismo solo consigo que chirríe y quede horrible. Será porque al igual que todo arte, el arte de llorar en silencio es difícil, y como todo artista no consigo dar con la tecla esta vez. La inspiración es la responsable de los distintos cambios de la humanidad, y el arte posee una carga descomunal sobre la historia del hombre, única y escondida, como en una nebulosa. Y esta vez no aparece. 

   No pretendo que nadie se identifique con esto. Ésta es tan solo otra de tantas veces, que escribo por y para mí.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Cicatrizando



      Las últimas cicatrices duelen el doble


     Sabían a como saben los besos. Julia estaba ahí impaciente porque la volviera a besar. Y de entre sus ojos parecía brotar continuamente un pensamiento; "No dejes que esto se vaya a pique." Estaba tan cómodo como loco por coger un clavo ardiendo y las opciones no me gustaban, sin embargo Julia seguía ahí, poniéndome contra la espada y la pared. No sabía qué hacer con todo aquello. Y mi mentira seguía creciendo. Todo se venía abajo de vez en cuando y no me salía hablar de ello con nadie. Tenía mi conciencia abandonada y mi corazón en una caja de cartón, manchando.

     Había vendido mi alma a la venta del tabaco y no había conseguido nada. Fue en el café de la mañana cuando no pude resistirme más y dije que no. Al cabo del tiempo escribí una carta de esas que echas bajo la puerta y te vas. Escribí dos noches seguidas y salió algo así:


     Querida Julia: 
     

    Sé que suena tópico pero a mí me funciona. Aún así quiero decirte que me quemo, y he decidido plantar todo aquello que sé que crecerá con o sin mí, pero en otro tiesto. Y tú vas en ese lote. Espero hacer las cosas bien de una vez por todas, no funciona nada. Es el sabor de tus labios, lo que terminará por matarme. El corazón me va más lento y las impresiones cada vez se crean más rápido, nada bueno si eres un romántico. Quería decirte que te quiero. Que tú no lo sabes pero te quiero con todas mis fuerzas. Hasta que duele, tanto, que he decidido dejar de hacerlo. La miel nunca fue para la boca del asno por mucho que éste se empeñara. No espero que lo entiendas, ni que lo compartas, ni que me busques, tan solo hago esto por mí. Lo siento. Me he vuelto un egoísta, pero la salud es lo primero. Sin sentirlo también tengo que decirte que me alegro de que sonrías, y de que hayas encontrado a otros tantos que sepan mojar tus bragas los sábados y calentar tus sábanas los domingos, pero que pongo el fin a esta locura. Y que seguiré escribiendo para salvaguardar la cordura, o lo poco que me queda de ella al menos.
     Tengo entendido que todo te va bien, o eso parece, y espero que así siga, supongo que cuánto menos sepas de mí, más a salvo estarán mis fuerzas. Porque tengo que confesar que todo me recuerda a ti, y eso las apalea hasta dejarlas inconscientes. El dolor es una forma de vida, y yo no me he acostumbrado a él, por mucho que los médicos digan, siempre voy contra corriente, ya me conoces. 
     Me voy, y no tengo ganas de volver a ver esa frente que tantas veces he besado de la manera más tierna que sé, ni esa cara tan exquisita que relajas cuando se te lleva un paso más allá. No me apetece volver a ver contonearse esa cintura a la que me he agarrado tantas veces cuando no sabía más que llorar como si fuera una pobre esfinge. Pero sobre todo no quiero saber más de esa boca que me pierde y me desquicia cuando en plena calle en un encontronazo tonto me dices que me quieres, tras tanto tiempo, rompes mis esquemas y no sé cómo actuar. Muchas gracias por todo y espero que nadie te haga tan feliz cómo yo.


                                                                                               Atte. MM

Y tras decir eso último con la verdad más sincera que encontré dentro de mí mismo, me fui... cómo quién se va cuando no tiene nada más que añadir. Como se marchan aquellos a los que se les ha dado una bofetada y una patada, como a quién se le ha dado un pisotón en el pecho y le han desmenuzado el corazón.

lunes, 20 de enero de 2014

Una mirada

     Y lo miraba, igual que se mira a los lujos, con cierto enganche.

     –Quédate. –Jamás oí algo tan sincero.

     –No sé si debo.

     –Quédate un rato más.

     –¿Qué más da un rato más? No vas a recuperar ni a mejorar nada. 

     –Lo sé, pero hoy estoy sensible, has elegido mal día, me apetece abrazarte y sentir cómo circula tu respiración, cómo te vibra el pecho, cómo se te eriza la piel y más que nada, ver cómo me miras.

     –No, lo único que he encontrado en la memoria son recuerdos de los cuales no quiero hablar por que sus filos no están más afilados pero sí más oxidados. Tengo miedo. Te tengo miedo a ti. –No me dio tiempo. Una vez dije esto me cruzó la cara. 


     No quería su olor a vainilla en la cara, ni el olor de paz que embriagaba la casa, no quería nada de esa relación tóxica ni de esos labios perfectos y al mismo tiempo se estaba volviendo loco, la ambivalencia actitudinal lo estaba asfixiando y a ella parecía dolerle tanto cómo a él. No eran más que una figura difuminada. Un conjunto frágil que se había dejado descuidar por el jardinero. Y no habían reaccionado a tiempo. 


     A veces ocurre, y cuando se sale mal parado no se tiene plena consciencia de los daños hasta que no se hace revisión internar, una introspección en toda regla que ponga en orden el yo y el álter ego. Hasta que no aparece una nueva sonrisa que valga más que la que consiga la otra parte. Y luchar porque la próxima que conquistes sea de oro blanco.

viernes, 17 de enero de 2014

Julia no se va


     Se movía por todo el salón, de un lado para otro, cruzando aquel mar de papeles. Estaba casi desnuda y las nalgas le sobresalían por encima de un "coulotte" rosa pastel que tenía un imán para mí y otro para mis ojos. A decir verdad no le quedaba bien puesto, en mi opinión en el suelo estaría mucho mejor. Pero ése no era uno de esos momentos.
     Estaba indignada conmigo. Yo sin embargo, tan sólo me limitaba a mirarla, apoyado en la mesa de despacho, sentado sobre el borde con los pies cruzados en el suelo, y las manos apoyadas en el límite de la mesa, cerca del cenicero que estaba repleto de colillas de Julia, y una taza que tenía un sobre dentro, de una infusión para tranquilizarse o algo así.  La enorme mesa, y la tarde estaban teñidas de gris por el cielo nublado que gritaba a voces que habría lluvia dentro de poco. Parecía que iba a romperse por el medio dejando caer un chorro de agua gigantesco, como una catarata.

     En parte me gustaba y por otro lado me asfixiaba ese perfume que llevaba puesto día sí y día también, se lo regalé yo, pero Julia abusaba de él cómo si nada. Ese olor tan suyo me había cogido el gusto a mí, en lugar de yo a él, se había pegado en todos mis pantalones, y en alguna que otra camisa, cuando Julia no empezaba uno de esos momentos, con muchas ganas, sino que más bien las ganas iban apareciendo a medida que nos perdíamos con las luces apagadas.
     Estaba despeinada, que era cómo más guapa estaba, nadie más sabía apreciar la belleza de su sonrisa en esa sencillez que vivía en ella, mezclada, esta vez, con toda su rabia. Con un botón abierto de una chaqueta militar de un color parecido al musgo, provocando desde lo más común y normal del mundo, ella tenía esa gracia que les faltaba a todas las demás, y que yo, antes de conocerla a ella me había cansado de buscar.

     -No entiendo cómo hemos llegado a esto. -Dijo con lágrimas en los ojos, gritándome y lanzando una risa irónica al aire. -Eres gilipollas. Y no te basta con eso, sino que además has decidido plantar tu cepillo de dientes en el baño de mi cabeza. ¿Pero tú quién te crees que eres para venir y ponerme todo patas arriba? -Estuve tentado de responder pero notaba la mejilla ya marcada, y decidí callarme justo cuando ella continuó. -Tienes esa cara, tan... linda, y esa boca que tanto me gusta, pero no te soporto, eres mi peor pesadilla. -Cada vez dolían más las palabras que decía, que el guantazo en sí.

     Se dio la vuelta justo cuando oí el timbre. Genial, el diablo ha llamado a mi puerta, pensé. Vi a Julia mirarme durante un segundo, con toda su rabia interna que le sobresalía por los ojos. Como si yo tuviera la culpa de que llamaran al timbre en ese momento en el que discutíamos. Se alejó camino hacia la puerta y girar en dirección hacia la entrada, oí la puerta de la calle abrirse, un "hola", un "adiós" y un portazo tremendo. Cuando quise darme cuenta Julia había vuelto al salón.

     -¿No vas a decir nada? -Me gritó.
     -No sé qué quieres oír. Ya te he dicho que lo siento, me he disculpado de la manera más honrada que sé y te pido que me perdones. Que no volverá a suceder.
     -Bueno mira se acabó. Aquí tienes tu cepillo de dientes, yo me largo. -Y se marchó al dormitorio, oí las puertas del armario abrirse con un golpe seco.
      Por fin se había marchado, necesitaba un minuto de paz, sin tenerla allí delante paseándose por el salón de un lado a otro enfadada, y poniéndome de los nervios. Me senté en la butaca antigua que miraba hacia la mesa dónde estaba apoyado, y la giré en dirección a todos aquellos papeles, fotos, y recuerdos nuestros que había escrito en el archivador que Julia había tirado al suelo, como si quisiera decirles algo, como si ellos también quisieran hablarme diciéndome; "Mira la que has liado.", así que en bajo, casi en un susurro, a ellos también les pedí perdón. Me incorporé y me tapé los ojos, estaban húmedos. Me eché el pelo hacia un lado, y cuando quise darme cuenta giré la cabeza, mirando hacía la salida del salón, al lado de la estantería donde estaban todos los libros. Allí estaba ella vestida con un pantalón vaquero y mi chaqueta color musgo.

      -Te quiero. -Me dijo en voz baja. -Pero estás obsesionado, ya no eres el mismo. Y más me quiero yo.
      -Te entiendo. -Mentí, si me quería realmente no podía irse. -Al menos, dame un beso de despedida, hagámoslo bien y llámame para cualquier cosa, quiero seguir viéndote, sabiendo qué tal te va, y que no topes con ningún desgraciado como yo nunca más.
      -No Manuel, no. Aquí tienes tu beso, recoge las fotos y todo lo que he tirado por el suelo, porque cuando cruce esa puerta no volverás a verme más. -Dijo viniendo hacía a mí, con la maleta en la mano.
      -Entonces déjame ver qué llevas en la maleta para saber si vas bien prevista para una vida sin esto a lo que nos habíamos acostumbrado tú y yo.

     Me dio la maleta, y cuando la tuve lo suficientemente cerca, me levanté y la besé. Recibí otro manotazo, que resonó en toda la casa, en el mismo sitio, pero en ese momento en el que resistía la volví a besar, le mordí el labio y la abracé por debajo de la ropa con las manos heladas, la incliné y la dejé de besar. Rompió a llorar enseguida. Pensé que no diría nada y se iría, que no querría saber nada más realmente de mí, que la iba a perder de un momento a otro, que tardaría más en romper a llorar, en el ascensor tal vez, para que yo no la viese ni a ella ni a su orgullo.

     -¡Me vas a volver loca, joder! -Cerré los ojos y puse lentamente mi frente junto a la suya. La senté en mis rodillas y ladeándola, la crucé por encima de los brazos de la butaca, de tal manera que parecía un bebé en mi regazo, al menos lloraba como un bebé. Le aparté el pelo de la cara a un lado y nos miramos durante apenas unos instantes. -Sabes perfectamente donde duele. ¿Por qué me has besado así?

    - ¿Así cómo? -Pregunté haciéndome el loco.
    -Pues así, echándome encima tu peso, desprevenida, cómo la primera vez. -Sonreí, no esperaba que se diera cuenta, pero me olvidé de que era ella, Julia muy ella tal vez, demasiado meticulosa a la hora de tratar cualquier tema que le gustase, a la hora de hacerme cosquillas o cualquier otra cosa que me hiciera sentir bien, a la hora de ser detallista, sólo había una persona por encima del término <<observador>>, ella.
    - Porque te quiero. Porque no sé qué hacer sin ti y me pierdo entre las calles de un mundo que no tiene sentido recorrer sin alguien como tú a mi lado, y he buscado lo suficiente para saber que eres tú o nadie. Pero lo más importante, para quitarnos las ganas, No espero que me perdones, al menos no ahora, pero sí que me quieras y me dejes enamorarte una vez más. Al menos que te fíes de mí.
   - No creo que funcione, no creo que salga bien nada de esto, pero no puedo dejar de quererte. Tu cepillo de dientes seguirá aquí toda la vida.
   - Es un regalo, de corazón. Soy un crío Julia, quiéreme cómo tal. Al final tendré que darte la razón, solo nos damos cuenta de aquello que queremos cuando estamos a punto de perderlo.
   - Aprendes a base de palos, pero aprendes. No dejarás que me vaya, así que no tengo otra opción, ¿verdad?
   - Sí, si realmente quieres irte adelante, coge la maleta y márchate. Si encuentras a alguien que te quiera cómo te quiero yo, te pago el anillo, el vestido y la boda.



domingo, 12 de enero de 2014

Tú, te, ti, conmigo


     Lo que más me jode, es haber sido el error del que aprender para que no se cometa el mismo fallo con otro.

     Lo tuyo, es siniestro. ¿Lo mío? Enfermizo. Y lo nuestro... bueno, lo nuestro es un problema.
     El caso es, que para bien o para mal, el recuerdo está ahí, y a veces me aprieta tanto que me cuesta avanzar en esta vida. Es simplemente que creo que somos como dos fuerzas. Dos fuerzas que hacen del mundo un lugar mejor, por separado. Como dos imanes que se apuntan cariñosamente con el mismo polo.

     Con todo el respeto del mundo, con todo el egoísmo del mundo. A veces duele. Y en la dolencia nos creamos. Cómo personas, cómo animales, cómo seres...
     No somos lo que realmente queremos ser, si no el mejor de nuestros intentos de aquello que tanto anhelamos, con una pizca de nuestra esencia, con un toque tan nuestro que es singular. Por eso estoy convencido, de que el amor tiene tantas definiciones como personas lo hayan sentido realmente en una cama compartida con alguien con los pies helados. Y el amor se manifiesta, de la mejor de las maneras, con un beso en la frente y un abrazo tan cálido que sonroja las mejillas y calienta el pecho.

     Platón, aquel griego loco, tenía razón cuando elaboró su doctrina de las almas. Y la mía, concupiscible, lleva ganada la partida por poco a la racional. Mientras esta última, lleva la cuenta de cada paso del segundero.
     La situación se vuelve mucho más compleja. Cuando el fin de todo comienza, y en tu cabeza surge una idea. Es entonces cuando realmente sabes que algo, no muy bueno, va a ocurrir. Es lo que en psicología se conoce como "profecías autocumplidas". Y he de admitir que mi cabeza, en esa parte del cerebro donde habitan los problemas, se han llevado a cabo más veces de las que me gustaría poder reconocer. En definitiva no son más que esos sucesos que ocurren una vez, y consecuentemente decimos esa frase que tan poco nos gusta oír; "Si ya lo decía yo...". Odio los "te lo dije".

     Y entre toda la enredadera que trepa como si tuviera vida propia. Alpinista profesional. Surge un nuevo rasguño. Algo que eclipsa todo lo dicho hasta ahora. Ese ápice de luz que arroja a voz pelada, un cambio radical en tu vida. Algo que comienza como un susurro y termina siendo un impacto auditivo para el tímpano.  Un cambio de rumbo, o un pase de página, no sé. Me refiero a ese momento, casi obligado, en el que el subconsciente, siempre un paso adelantado a nosotros mismos, nos dice que hasta aquí está dispuesto a llegar, por mucho que el recuerdo siga latente, él también afirma anhelar la felicidad entre otras tantas cosas, y se ve preparado para saltar al vacío. La pregunta entonces se remonta a <<¿y yo?>>. Dejando como respuesta un silencio sepulcral en el que se oyen los latidos de un corazón mecánico, el muerdo de un labio desgastado y los pasos de alguien que ha decidido que la mejor opción es quedarse en un punto tal, que se encuentra más fuera que dentro, pero tiene una postura que molesta y tapona la puerta. 
    El miedo y la conmoción se agarran a mí, como si el vacío que absorbe a mi querida parte inconsciente, también los absorbiera a ellos, y es que supongo que al fin y al cabo todos somos parte de una misma cosa, por lo que si uno salga, los demás también. Debo ser el último en la cuerda que nos une porque aún no he saltado y siempre tengo la opción de cortar aquellos lazos que compartimos, si no me veo seguro. Pero... entonces ¿qué nos queda? Si la ocasión de nuevas experiencias es desechada, ¿a qué nos podemos relegar? 

    El punto clave está en el tiempo. Creo. Cada vez veo cómo quedan menos y menos tramos de cuerda enrollados, cómo va desapareciendo.  ¿Cuánto tiempo estarán las puertas del tren abiertas, dispuestas a esperar a que me decida si subir o no? 
    Desastroso. Sin embargo, de repente, cuando más distraído estaba mientras veo el tiempo correr y mi alma racional pierde la partida nace una nueva frase que me tranquiliza. Dentro de un contexto estrecho, como esos pasillos de los edificios antiguos;  

Aunque no me haga gracia...
Me duele el pecho de respirarte tan lejos. Porque todo tiene un principio y un fin.

martes, 7 de enero de 2014

El comercio de las horas perdidas


    Es un buen título para un libro, pero no. Es el título de mi día de hoy. Y es por lo de siempre. A vuelto a suceder, a ocurrir, cómo queráis.
    El caso es que hoy he vuelto a pensar, y me he vuelto a dar cuenta. He vuelto a caer en la cuenta de que claro, así se me pasan las horas volando, pensando qué decir en el momento exacto, toda la tarde pensando en lo mismo. Mi cabeza se divide en regiones, y cada región toma las riendas de ésta y de mí mismo cada vez que desempeño una actividad distinta. Menudo desastre más caótico.
     ¡Válgase la redundancia! Y la fiesta está montada, penoso. Y todo porque las horas del reloj no se esperan a que yo piense tranquilo eso, qué decir en el momento exacto, pero da igual. Da igual porque hoy he vuelto a pensar que tal vez soy un pintamonas. Me miro al espejo a las 05:00 de la mañana y veo en él a un pobre cantamañanas, irónico ¿verdad? O bochornoso, según se mire.
     Sigo. Decía que da igual porque siempre se da una circunstancia más importante, ajena a mí, que resta, del 1 al 10... infinito, el valor de todo lo que tengo guardado en mi cabeza para decirle, como si fuera una chuleta en mitad de un examen.
     Y visto lo visto, una y otra vez, me pongo nervioso y se me caen los papeles. Es raro que aún no haya suspendido la asignatura esta a la que habéis decidido llamar amor. Así en rojo pasión que queda como más bonito entre tanta mierda.

     No vayan a creerse ustedes que ando loco, bueno sí, la verdad es que para qué engañarnos más. Pero al grano. El caso es que lo he pensado. He pensado en que tal vez deberíamos hablar menos y besar más. Pero claro, siempre existe la posibilidad de que salga esa lágrima que tanto miedo nos da. Definitivamente el ser humano no está hecho para emociones fuertes. Y con la facilidad con la que nos rompemos... cualquiera. El alma es como uno de esos castillos de naipes, y basta con un soplo de la persona en la que piensas constantemente para que se nos caiga a los pies y la lleves arrastrando todo un tiempo.
     A veces me gusto como escritor, y pienso que frases como ésta me hacen crecer cómo tal.

    En mi próximo cumpleaños, al soplar las velas pediré que me partan la cara, que el corazón ya me lo han roto bastantes veces, y duele. Que componga la banda sonora de mi vida, uno de estos autores bohemios del Este de Europa, nórdicos, jóvenes y melancólicos que hablan del olor del café en las mañanas, y del vino y la fragancia de su amor en las sabanas por las noches. Que me beses. Y sobre todo que el tiempo se pare mientras nos besamos. Porque la próxima gota que quiero derramar quiero que tenga el color de la palabra amor de la que hablaba antes, y no sea transparente como el resto. Como todas esas personas que dicen ser claras y luego hablan por detrás, como esas no. Al menos que la próxima sea de un color, rojo, lo tenga claro y esté orgullosa de ser cómo es.

    Aprendí que no debes dar la vida por nadie. Es una pérdida tonta de algo que vale demasiado. A no poner la mano en el fuego para que alguien se divierta viendo como te quemas, jamás. Aprendí también, que nunca se marcha esa maldita tendencia a cogerle cariño a la misma piedra con la que uno tropieza tantas veces hasta que se convierte en la misma que hace que nos abramos la cabeza.

   Supongo que estoy harto de saber que la gente de hoy en día no tiene ni idea de lo que quiere, y en lugar de escuchar tranquilamente a su cabeza o a su corazón, se quedan en la mitad de un camino que no los conduce a ningún lugar, porque es la lucha eterna entre razón y pasión. E intentar que ambos coordinen a veces resulta casi imposible. Mierda otra vez con la tendencia positivista, lo siento, a veces no lo puedo controlar, y sigo pensando que nada es imposible, que no hay algo que se nos escape realmente, y que seguramente por eso sigo intentando que me quiera. Por eso el casi delante de la palabra imposible. ¿Por donde iba? ¡Ah sí! Lo mucho que me hincha los huevos que la gente de hoy se pegue al móvil cuando tienes algo importante que dec... no. Esto no era. Bueno da igual, si uno no sabe lo que quiere porque decide quedarse en mitad de la cabeza y el corazón, es porque el corazón tiene las de ganar, y a la cabeza le da miedo reconocerlo.

    Esa sonrisa tan pura, la que me sale cuando me entero de que hoy he conseguido enganchar a una persona más a mis historias raras, es la que me hace sentirme arropado sabiendo que al menos, aquí nada queda claro, y que por lo tanto no corro peligro. Porque a veces es tan sencillo como que solo quiero sentir un abrazo que me cubra el pecho y se me diga eso de;  no pasa absolutamente nada. 

domingo, 5 de enero de 2014

A veces ya no sé qué pensar



     Cómo un hábitat "natural", de ésos que han sido creados a merced y por la mano del hombre. Incrustados en la piel de cada uno de nosotros. A veces se me aparece, la veo vestida de blanco, de seda, preciosa, y me acaricia la cara como si fuera un soplo. Me hace cosquillas en la barba y cuando menos me lo espero, desaparece. Me desespera. Es esa diosa que representa una mezcla entre ganas e inspiración.
     Se ha vuelto indispensable en mi vida. Capaz de darme o quitarme todo.

     Me encantan esas buenas vibraciones que se respiran cuando me pongo en camino y no sé muy bien qué ocurrirá. Porque casi siempre salgo con una buena sensación. Lástima que últimamente no se estén dando con frecuencia. Me he mirado al espejo y me doy miedo realmente. Soy una coraza terrible y las cuentas no me cuadran. No le encuentro sentido, ya que no me apetece cambiar por lo que haya vivido, con quién lo haya vivido...
     Me parece la excusa más barata de la faz de la Tierra. "A mí ya me hicieron demasiado daño, por eso ahora soy así"
     Vale.

     Será que siempre me ha gustado la idea, el estado que se experimenta de grandeza cuando acorralas a alguien, cuando lo desarmas, cuando sabes que has hecho jaque mate y que tienes a esa persona justo dónde querías. En el fondo soy un poco persuasivo con aquellos que no me creen, con quién intenta defenderse de una retórica, aún algo pobre.

     La ternura sigue diciéndome dónde ir, por lo que aún va conmigo, pero solo la dejo intervenir con aquellas personas que creo que merecen tenerla. Es una de esas veces que la coraza se abre y dejo que veas la fiesta que tengo montada dentro.

     Me lo tomo con calma cuando digo que tengo cinco años mentales y que me gusta que sea así. Las cosquillas en la espalda son la sensación de paz más certera del mundo, rozas el calor de la persona por escasos milímetros y no hay nada que lo esconda, están ahí, y ahí quedan desplazándose mientras rozan cada parte de tu piel.
     Ya no creo en la suerte ni en el azar, tan solo en la probabilidad estadística. No me lo puedo creer, la coraza se ha hecho de un acero inoxidable tan feo y fuerte que a veces necesito entrar a alguien y que al abrir entre aire. Me doy pena viendo el trato a quiénes dejo pasar. Una excusa, eso es lo que valen a veces... Pero me refugio en mí, y me excuso con mi "álter ego", al pensar que estoy hasta los cojones de tirar monedas al aire y no saber si quiero que sigan cayendo caras, que no me gustan, o cruces, que tanto duelen. Y entonces pienso que nada cuadra, nada. Por eso que antes decía de que todo eso era la excusa más rastrera de todo el planeta, ¿os acordáis? Y nada, aquí me tenéis, sin saber qué hacer, y pensando seriamente que lo mejor es dejar de tirar dinero a la basura, al menos, durante un tiempo.

miércoles, 1 de enero de 2014

Bon voyage



     Se va, un último beso, recoge sus cosas y se marcha. A la mañana siguiente amanece y yo sigo bañado en esa sensación de que se me ha escapado algo gordo. Vacío, como esas veces en las que dejas escapar una gran oferta, un producto rebajado un 50%.
     Supongo que soy ese tipo de persona. Y además de estar totalmente de acuerdo, lo sigo manteniendo; solo las mujeres frustradas no saben aceptar un cumplido. Adiós 2013, y ojalá mueras en el olvido, porque has traído cosas buenas, no te lo niego, pero te has llevado contigo muchas lágrimas que nadie te mando a coger. ¿Con qué derecho vienes ahora a mi cabeza? Llamando con la mirada rota como quién pide limosna. Pobre imbécil. Me niego a que entres y cuando quiero darme cuenta no vale de nada porque ya te has colado hasta la cocina con la excusa de si puedes usar mi baño. No me jodas.

     A quién me besó, a quién me dio de sí lo mejor, a todas esas personas que dicen haber dado lo mejor de ellas conmigo y tanto ellas como yo sabemos que no es cierto. A todas esas personas que me dijeron literalmente que su amistad y la mía no se estropearía. A todos los que os habéis convertido en recuerdo, a quién está presente y hace notar su presencia en el día a día. A esos pobres que aguantan a un tipo como yo y no se rinden, a aquellos que han puesto su mano sobre mi hombro y me han dicho que yo puedo, a esos otros que por delante me sonreían y por detrás hablan como si quisieran derrocarme de un trono que no me pertenece, que no quiero. A todos los que con sus acciones me han demostrado que son capaces de hacer daño de verdad, a quién está lejos pero se acuerda de mí, y a los que están cerca y si me han visto no se acuerdan. A quién me mira y sonríe, a quién me mira y se muere. A quién cree que puede conmigo, a quién puede conmigo y a quién es mejor que ni lo intente. A esas pequeñas amistades que están ahí pero sabes que nunca llegarán a formar parte de ti.
    A esa pequeña parte de vosotros que guardáis en alguna parte del corazón y decís tener de persona, os doy las gracias. Tal vez mañana vuelva a poneros a todos en vuestro sitio pero hoy me apetece daros las gracias porque he caído en la cuenta de que se me presenta un año nuevo, para volver a crecer... Miento, seguir creciendo, ahora sí, como persona, y cada uno a vuestra manera habéis conseguido darme las lecciones que necesitaba para saber en que lista poneros.

     Por esa rabia contenida y por esa manera de jugarnos la vida. Por eso creo que no he hecho nada aún, porque no merece la pena de momento. No soy quien era hace un par de años, de eso estoy más que seguro, y quién me quiera deberá quererme tal y cómo soy. Supongo que como cualquier figurita de cera, puedo ser moldeado, y bastante flexible pero no conviene torcer demasiado el camino de un hombre, puede cerrarle la vida en un soplo.

    Quiero que sepas que me encanta esa sensación que se me forma en el estómago cuando no tengo nada mejor que hacer y rebusco entre los cajones de recuerdos. A veces es divertido cuando entre el polvo y las telarañas encuentro algún recuerdo que merece la pena y la ternura me abraza mientras la nostalgia me cubre la espalda. Me encuentro entre dos sensaciones raras y me recuerdo que en el fondo, soy tierno.

    Que no, que me niego y sé que no puedo hacer nada porque aún no estoy curado, y por eso si tengo delante eso que tanto me gusta, eso que probé y me enganchó, no pienso dejarlo escapar como este año del que nos acabamos de despedir, no tiene sentido. Así que pienso morder muy fuerte.