Las últimas cicatrices duelen el doble
Sabían a como saben los besos. Julia estaba ahí impaciente porque la volviera a besar. Y de entre sus ojos parecía brotar continuamente un pensamiento; "No dejes que esto se vaya a pique." Estaba tan cómodo como loco por coger un clavo ardiendo y las opciones no me gustaban, sin embargo Julia seguía ahí, poniéndome contra la espada y la pared. No sabía qué hacer con todo aquello. Y mi mentira seguía creciendo. Todo se venía abajo de vez en cuando y no me salía hablar de ello con nadie. Tenía mi conciencia abandonada y mi corazón en una caja de cartón, manchando.
Había vendido mi alma a la venta del tabaco y no había conseguido nada. Fue en el café de la mañana cuando no pude resistirme más y dije que no. Al cabo del tiempo escribí una carta de esas que echas bajo la puerta y te vas. Escribí dos noches seguidas y salió algo así:
Querida Julia:
Sé que suena tópico pero a mí me funciona. Aún así quiero decirte que me quemo, y he decidido plantar todo aquello que sé que crecerá con o sin mí, pero en otro tiesto. Y tú vas en ese lote. Espero hacer las cosas bien de una vez por todas, no funciona nada. Es el sabor de tus labios, lo que terminará por matarme. El corazón me va más lento y las impresiones cada vez se crean más rápido, nada bueno si eres un romántico. Quería decirte que te quiero. Que tú no lo sabes pero te quiero con todas mis fuerzas. Hasta que duele, tanto, que he decidido dejar de hacerlo. La miel nunca fue para la boca del asno por mucho que éste se empeñara. No espero que lo entiendas, ni que lo compartas, ni que me busques, tan solo hago esto por mí. Lo siento. Me he vuelto un egoísta, pero la salud es lo primero. Sin sentirlo también tengo que decirte que me alegro de que sonrías, y de que hayas encontrado a otros tantos que sepan mojar tus bragas los sábados y calentar tus sábanas los domingos, pero que pongo el fin a esta locura. Y que seguiré escribiendo para salvaguardar la cordura, o lo poco que me queda de ella al menos.
Tengo entendido que todo te va bien, o eso parece, y espero que así siga, supongo que cuánto menos sepas de mí, más a salvo estarán mis fuerzas. Porque tengo que confesar que todo me recuerda a ti, y eso las apalea hasta dejarlas inconscientes. El dolor es una forma de vida, y yo no me he acostumbrado a él, por mucho que los médicos digan, siempre voy contra corriente, ya me conoces.
Me voy, y no tengo ganas de volver a ver esa frente que tantas veces he besado de la manera más tierna que sé, ni esa cara tan exquisita que relajas cuando se te lleva un paso más allá. No me apetece volver a ver contonearse esa cintura a la que me he agarrado tantas veces cuando no sabía más que llorar como si fuera una pobre esfinge. Pero sobre todo no quiero saber más de esa boca que me pierde y me desquicia cuando en plena calle en un encontronazo tonto me dices que me quieres, tras tanto tiempo, rompes mis esquemas y no sé cómo actuar. Muchas gracias por todo y espero que nadie te haga tan feliz cómo yo.
Atte. MM
Y tras decir eso último con la verdad más sincera que encontré dentro de mí mismo, me fui... cómo quién se va cuando no tiene nada más que añadir. Como se marchan aquellos a los que se les ha dado una bofetada y una patada, como a quién se le ha dado un pisotón en el pecho y le han desmenuzado el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario