miércoles, 1 de enero de 2014

Bon voyage



     Se va, un último beso, recoge sus cosas y se marcha. A la mañana siguiente amanece y yo sigo bañado en esa sensación de que se me ha escapado algo gordo. Vacío, como esas veces en las que dejas escapar una gran oferta, un producto rebajado un 50%.
     Supongo que soy ese tipo de persona. Y además de estar totalmente de acuerdo, lo sigo manteniendo; solo las mujeres frustradas no saben aceptar un cumplido. Adiós 2013, y ojalá mueras en el olvido, porque has traído cosas buenas, no te lo niego, pero te has llevado contigo muchas lágrimas que nadie te mando a coger. ¿Con qué derecho vienes ahora a mi cabeza? Llamando con la mirada rota como quién pide limosna. Pobre imbécil. Me niego a que entres y cuando quiero darme cuenta no vale de nada porque ya te has colado hasta la cocina con la excusa de si puedes usar mi baño. No me jodas.

     A quién me besó, a quién me dio de sí lo mejor, a todas esas personas que dicen haber dado lo mejor de ellas conmigo y tanto ellas como yo sabemos que no es cierto. A todas esas personas que me dijeron literalmente que su amistad y la mía no se estropearía. A todos los que os habéis convertido en recuerdo, a quién está presente y hace notar su presencia en el día a día. A esos pobres que aguantan a un tipo como yo y no se rinden, a aquellos que han puesto su mano sobre mi hombro y me han dicho que yo puedo, a esos otros que por delante me sonreían y por detrás hablan como si quisieran derrocarme de un trono que no me pertenece, que no quiero. A todos los que con sus acciones me han demostrado que son capaces de hacer daño de verdad, a quién está lejos pero se acuerda de mí, y a los que están cerca y si me han visto no se acuerdan. A quién me mira y sonríe, a quién me mira y se muere. A quién cree que puede conmigo, a quién puede conmigo y a quién es mejor que ni lo intente. A esas pequeñas amistades que están ahí pero sabes que nunca llegarán a formar parte de ti.
    A esa pequeña parte de vosotros que guardáis en alguna parte del corazón y decís tener de persona, os doy las gracias. Tal vez mañana vuelva a poneros a todos en vuestro sitio pero hoy me apetece daros las gracias porque he caído en la cuenta de que se me presenta un año nuevo, para volver a crecer... Miento, seguir creciendo, ahora sí, como persona, y cada uno a vuestra manera habéis conseguido darme las lecciones que necesitaba para saber en que lista poneros.

     Por esa rabia contenida y por esa manera de jugarnos la vida. Por eso creo que no he hecho nada aún, porque no merece la pena de momento. No soy quien era hace un par de años, de eso estoy más que seguro, y quién me quiera deberá quererme tal y cómo soy. Supongo que como cualquier figurita de cera, puedo ser moldeado, y bastante flexible pero no conviene torcer demasiado el camino de un hombre, puede cerrarle la vida en un soplo.

    Quiero que sepas que me encanta esa sensación que se me forma en el estómago cuando no tengo nada mejor que hacer y rebusco entre los cajones de recuerdos. A veces es divertido cuando entre el polvo y las telarañas encuentro algún recuerdo que merece la pena y la ternura me abraza mientras la nostalgia me cubre la espalda. Me encuentro entre dos sensaciones raras y me recuerdo que en el fondo, soy tierno.

    Que no, que me niego y sé que no puedo hacer nada porque aún no estoy curado, y por eso si tengo delante eso que tanto me gusta, eso que probé y me enganchó, no pienso dejarlo escapar como este año del que nos acabamos de despedir, no tiene sentido. Así que pienso morder muy fuerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario