Soy esa pequeña parte de ti que aún no conoces. Ese detalle insignificante que te llama la atención cuando has salido a la calle. Tu mal genio cuando algo te molesta, y tu voz alzada para denunciar eso mismo. Ese pedazo de tu libro favorito que te enamora.Soy ese olor que tanto te gusta. Ese plato que te hace la boca agua. Soy ese golpe en la mesa que destruye todo. Esa tarde tan mala, al dejar una relación con esa persona tan especial.
martes, 17 de diciembre de 2013
Trescientos doce ventrículos
Se nos ha olvidado esa parte tan importante de todo esto. No me gusta ver que estamos manchado de barro hasta atrás, y que la brújula se nos ha roto. O que tal vez tan solo ha existido una vez el norte. Hay una nueva propuesta en juego, una vez más. Entre los dedos de la mano caben millones de lágrimas, y a pesar de la sequía que atormenta a mi casa, mi pecho está congestionado. Otra vez se te ha olvidado apagar la luz al entrar y ahora brillo como si todo estuviera bien.
En la comisura de tus labios se ha dibujado vagamente un reguero de eso a lo que llaman alma, y es la mía que se me ha ido entera por ahí. Ha dejado una nota, y dice que volverá cuando le venga en gana. La muy puta se ha llevado toda la botella y mis mejores ideas. Ahora solo tengo una mala idea y un mal sabor de boca, por que no me creo que nadie quiera a nadie.
Noto que bajo la coraza, se ha formado una fina película de cristal a modo de seguir protegiendo el corazón, pero no tiene valor ninguno. Es vulnerable y cualquier movimiento brusco hará que se venga abajo todo lo que mi historia ha querido contar de mí.
Suena raro decir cualquier cosa más al respecto y he decidido ahogar lo que pueda y abandonarme, que cualquier alma caritativa se ocupe de los restos, si quiere.
Me siento timado al respecto y no logro encuadrar ningún aspecto.
Por amor al arte, y el arte se escapa al raciocinio humano. ¿Qué tipo de broma...?
Que luego no se diga, y que más tarde tampoco, he dejado de especular bien en mi interior y ahora me dedico a grabar cada momento que se pasea por mi pupila como si fuera una de las gotas que cae por la rendija más pequeña de un tejado en ruinas. El patio derruido de mi cavidad torácica no guarda más capacidad para escombros y entre ellos ahora crece una hiedra que arrasa con el resto de brotes verdes. El jardinero me ha abandonado y por dentro guardo figuras amorfas que algún día estuvieron regadas por tus besos entre caricias y los platos entrantes.
Recuerdo esos metros como kilómetros y esos dos pasos antes de subir a mis brazos, como dos caminos, largos e interminables. Así el recuerdo dura más.
La sonrisa te precede y me produce, no sé muy bien el qué pero ahí está la emoción de todo este asunto, en que si me preguntan, no sabría que responder.
Hay algo que quiere salir, y no dejo. Algo que debería haberse bajado de este vehículo hace ya tiempo, y aquí sigue. Hay algo que no me gusta en la palabra "cambio" y mi terapeuta dice que los que más nos negamos este último, luego somos los que con más fuerzas y ganas tomamos la iniciativa de un nuevo rumbo en nuestra vida.
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