Soy esa pequeña parte de ti que aún no conoces. Ese detalle insignificante que te llama la atención cuando has salido a la calle. Tu mal genio cuando algo te molesta, y tu voz alzada para denunciar eso mismo. Ese pedazo de tu libro favorito que te enamora.Soy ese olor que tanto te gusta. Ese plato que te hace la boca agua. Soy ese golpe en la mesa que destruye todo. Esa tarde tan mala, al dejar una relación con esa persona tan especial.
martes, 7 de enero de 2014
El comercio de las horas perdidas
Es un buen título para un libro, pero no. Es el título de mi día de hoy. Y es por lo de siempre. A vuelto a suceder, a ocurrir, cómo queráis.
El caso es que hoy he vuelto a pensar, y me he vuelto a dar cuenta. He vuelto a caer en la cuenta de que claro, así se me pasan las horas volando, pensando qué decir en el momento exacto, toda la tarde pensando en lo mismo. Mi cabeza se divide en regiones, y cada región toma las riendas de ésta y de mí mismo cada vez que desempeño una actividad distinta. Menudo desastre más caótico.
¡Válgase la redundancia! Y la fiesta está montada, penoso. Y todo porque las horas del reloj no se esperan a que yo piense tranquilo eso, qué decir en el momento exacto, pero da igual. Da igual porque hoy he vuelto a pensar que tal vez soy un pintamonas. Me miro al espejo a las 05:00 de la mañana y veo en él a un pobre cantamañanas, irónico ¿verdad? O bochornoso, según se mire.
Sigo. Decía que da igual porque siempre se da una circunstancia más importante, ajena a mí, que resta, del 1 al 10... infinito, el valor de todo lo que tengo guardado en mi cabeza para decirle, como si fuera una chuleta en mitad de un examen.
Y visto lo visto, una y otra vez, me pongo nervioso y se me caen los papeles. Es raro que aún no haya suspendido la asignatura esta a la que habéis decidido llamar amor. Así en rojo pasión que queda como más bonito entre tanta mierda.
No vayan a creerse ustedes que ando loco, bueno sí, la verdad es que para qué engañarnos más. Pero al grano. El caso es que lo he pensado. He pensado en que tal vez deberíamos hablar menos y besar más. Pero claro, siempre existe la posibilidad de que salga esa lágrima que tanto miedo nos da. Definitivamente el ser humano no está hecho para emociones fuertes. Y con la facilidad con la que nos rompemos... cualquiera. El alma es como uno de esos castillos de naipes, y basta con un soplo de la persona en la que piensas constantemente para que se nos caiga a los pies y la lleves arrastrando todo un tiempo.
A veces me gusto como escritor, y pienso que frases como ésta me hacen crecer cómo tal.
En mi próximo cumpleaños, al soplar las velas pediré que me partan la cara, que el corazón ya me lo han roto bastantes veces, y duele. Que componga la banda sonora de mi vida, uno de estos autores bohemios del Este de Europa, nórdicos, jóvenes y melancólicos que hablan del olor del café en las mañanas, y del vino y la fragancia de su amor en las sabanas por las noches. Que me beses. Y sobre todo que el tiempo se pare mientras nos besamos. Porque la próxima gota que quiero derramar quiero que tenga el color de la palabra amor de la que hablaba antes, y no sea transparente como el resto. Como todas esas personas que dicen ser claras y luego hablan por detrás, como esas no. Al menos que la próxima sea de un color, rojo, lo tenga claro y esté orgullosa de ser cómo es.
Aprendí que no debes dar la vida por nadie. Es una pérdida tonta de algo que vale demasiado. A no poner la mano en el fuego para que alguien se divierta viendo como te quemas, jamás. Aprendí también, que nunca se marcha esa maldita tendencia a cogerle cariño a la misma piedra con la que uno tropieza tantas veces hasta que se convierte en la misma que hace que nos abramos la cabeza.
Supongo que estoy harto de saber que la gente de hoy en día no tiene ni idea de lo que quiere, y en lugar de escuchar tranquilamente a su cabeza o a su corazón, se quedan en la mitad de un camino que no los conduce a ningún lugar, porque es la lucha eterna entre razón y pasión. E intentar que ambos coordinen a veces resulta casi imposible. Mierda otra vez con la tendencia positivista, lo siento, a veces no lo puedo controlar, y sigo pensando que nada es imposible, que no hay algo que se nos escape realmente, y que seguramente por eso sigo intentando que me quiera. Por eso el casi delante de la palabra imposible. ¿Por donde iba? ¡Ah sí! Lo mucho que me hincha los huevos que la gente de hoy se pegue al móvil cuando tienes algo importante que dec... no. Esto no era. Bueno da igual, si uno no sabe lo que quiere porque decide quedarse en mitad de la cabeza y el corazón, es porque el corazón tiene las de ganar, y a la cabeza le da miedo reconocerlo.
Esa sonrisa tan pura, la que me sale cuando me entero de que hoy he conseguido enganchar a una persona más a mis historias raras, es la que me hace sentirme arropado sabiendo que al menos, aquí nada queda claro, y que por lo tanto no corro peligro. Porque a veces es tan sencillo como que solo quiero sentir un abrazo que me cubra el pecho y se me diga eso de; no pasa absolutamente nada.
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