Lo que más me jode, es haber sido el error del que aprender para que no se cometa el mismo fallo con otro.
Lo tuyo, es siniestro. ¿Lo mío? Enfermizo. Y lo nuestro... bueno, lo nuestro es un problema.
El caso es, que para bien o para mal, el recuerdo está ahí, y a veces me aprieta tanto que me cuesta avanzar en esta vida. Es simplemente que creo que somos como dos fuerzas. Dos fuerzas que hacen del mundo un lugar mejor, por separado. Como dos imanes que se apuntan cariñosamente con el mismo polo.
Con todo el respeto del mundo, con todo el egoísmo del mundo. A veces duele. Y en la dolencia nos creamos. Cómo personas, cómo animales, cómo seres...
No somos lo que realmente queremos ser, si no el mejor de nuestros intentos de aquello que tanto anhelamos, con una pizca de nuestra esencia, con un toque tan nuestro que es singular. Por eso estoy convencido, de que el amor tiene tantas definiciones como personas lo hayan sentido realmente en una cama compartida con alguien con los pies helados. Y el amor se manifiesta, de la mejor de las maneras, con un beso en la frente y un abrazo tan cálido que sonroja las mejillas y calienta el pecho.
Platón, aquel griego loco, tenía razón cuando elaboró su doctrina de las almas. Y la mía, concupiscible, lleva ganada la partida por poco a la racional. Mientras esta última, lleva la cuenta de cada paso del segundero.
La situación se vuelve mucho más compleja. Cuando el fin de todo comienza, y en tu cabeza surge una idea. Es entonces cuando realmente sabes que algo, no muy bueno, va a ocurrir. Es lo que en psicología se conoce como "profecías autocumplidas". Y he de admitir que mi cabeza, en esa parte del cerebro donde habitan los problemas, se han llevado a cabo más veces de las que me gustaría poder reconocer. En definitiva no son más que esos sucesos que ocurren una vez, y consecuentemente decimos esa frase que tan poco nos gusta oír; "Si ya lo decía yo...". Odio los "te lo dije".
Y entre toda la enredadera que trepa como si tuviera vida propia. Alpinista profesional. Surge un nuevo rasguño. Algo que eclipsa todo lo dicho hasta ahora. Ese ápice de luz que arroja a voz pelada, un cambio radical en tu vida. Algo que comienza como un susurro y termina siendo un impacto auditivo para el tímpano. Un cambio de rumbo, o un pase de página, no sé. Me refiero a ese momento, casi obligado, en el que el subconsciente, siempre un paso adelantado a nosotros mismos, nos dice que hasta aquí está dispuesto a llegar, por mucho que el recuerdo siga latente, él también afirma anhelar la felicidad entre otras tantas cosas, y se ve preparado para saltar al vacío. La pregunta entonces se remonta a <<¿y yo?>>. Dejando como respuesta un silencio sepulcral en el que se oyen los latidos de un corazón mecánico, el muerdo de un labio desgastado y los pasos de alguien que ha decidido que la mejor opción es quedarse en un punto tal, que se encuentra más fuera que dentro, pero tiene una postura que molesta y tapona la puerta.
El miedo y la conmoción se agarran a mí, como si el vacío que absorbe a mi querida parte inconsciente, también los absorbiera a ellos, y es que supongo que al fin y al cabo todos somos parte de una misma cosa, por lo que si uno salga, los demás también. Debo ser el último en la cuerda que nos une porque aún no he saltado y siempre tengo la opción de cortar aquellos lazos que compartimos, si no me veo seguro. Pero... entonces ¿qué nos queda? Si la ocasión de nuevas experiencias es desechada, ¿a qué nos podemos relegar?
El punto clave está en el tiempo. Creo. Cada vez veo cómo quedan menos y menos tramos de cuerda enrollados, cómo va desapareciendo. ¿Cuánto tiempo estarán las puertas del tren abiertas, dispuestas a esperar a que me decida si subir o no?
Desastroso. Sin embargo, de repente, cuando más distraído estaba mientras veo el tiempo correr y mi alma racional pierde la partida nace una nueva frase que me tranquiliza. Dentro de un contexto estrecho, como esos pasillos de los edificios antiguos;
Aunque no me haga gracia...
Me duele el pecho de respirarte tan lejos. Porque todo tiene un principio y un fin.
Sin palabras, Manu. Tan bonito y tan sincero que has conseguido que a mí también me duela. Un besazo enorme.
ResponderEliminarMuchas gracias. Eres muy amable, esa es la intención, transmitir hasta donde se pueda. Pero tengo una pregunta, me pica la curiosidad porque bajo el pseudónimo no sé quién eres. Un beso
EliminarGrande.
ResponderEliminarGracias pequeña gran niña rara
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